12 criterios claves que los abogados deben utilizar para fijar sus honorarios

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12 criterios claves que los abogados deben utilizar para fijar sus honorarios

Establecer claramente los honorarios permitirán cerrar un acuerdo satisfactorio con el cliente.

En los últimos veinte años han surgido una serie de cambios legislativos y jurisprudenciales que ha impactado en la labor que realizan los profesionales del Derecho.  Este nuevo escenario también ha originado modificaciones en el régimen de los honorarios.

En el mercado actual, el abogado puede fijar sus honorarios libremente y cerrar el correspondiente acuerdo con su cliente, careciendo de cualquier referencia legal o estatutaria para adecuar la determinación de los mismos.


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Según el abogado Óscar Fernández León, experto en habilidades profesionales, y en base a la obra de Miguel Carbonell «Los Honorarios Profesionales de los Abogados», existen algunos criterios que pueden ser de aplicación práctica para la fijación de los honorarios, reglas atienden a situaciones que pueden darse en cualquier despacho de abogados y que, en mayor o menor medida, pueden ser empleadas para una determinación más justa, objetiva y realista de los honorarios. 

1) El tiempo y el esfuerzo que va a requerir atender el asunto;

2) Lo novedoso del tema y el grado de dificultad de las cuestiones involucradas;

3) El grado de preparación o especialización requerido para atender el asunto;

4) La posibilidad de que, por atender el caso, el abogado tuviera  que declinar la atención de otros asuntos, tomando en cuenta lo que eso te supondría en honorarios no generados;

5) El monto de honorarios que se acostumbra cobrar en la plaza en la que se desempeña la actividad profesional.

6) El monto que está en juego en la controversia, en caso de que se pueda determinar;

7) El resultado que se espera obtener;

8) Las limitaciones de tiempo que el encargo trae consigo, ya sea como consecuencia de la naturaleza del asunto o como resultado de lo que ha hecho o dejado de hacer el cliente (hay clientes que dejan pasar el tiempo y piden auxilio en el último momento, lo que obliga a  dedicarle atención exclusiva a su problema durante varios días y durante muchas horas cada día);

9) El tipo de relación que tengamos con el cliente, considerando que podemos haber atendido asuntos anteriores del mismo cliente o si tenemos con él una larga relación profesional, lo que supone que se pueda fijar un mejor precio para atenderlo;

10) La experiencia, reputación y habilidad del abogado que va a prestar los servicios profesionales;

11) El hecho de que los honorarios sean fijos o contingentes (es decir, sujetos a alguna condición de realización incierta);

12) Lo deseable o indeseable que pueda resultar hacerse cargo del caso (a veces defender a cierto tipo de personajes o cierto tipo de asuntos, aunque estén muy bien pagados, puede generar resultados negativos en el mediano y largo plazo).


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De acuerdo al especialista, lo interesante de las mismas es que contemplan contextos que convergen en multitud de relaciones profesionales y que por ello se deben poner en valor, pues de lo contrario, es posible que se pueda facturar en exceso o defecto al no haber realizado una evaluación certera de los factores que intervienen en el encargo, según explica en el portal LegalToday.

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