El delito de acoso sexual por redes sociales

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Por: Teodorico Cristóbal Támara

Abogado por la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo. Egresado de maestría en Ciencias Penales por la misma casa de estudios.

Sumario: 1. Introducción, 2. Algunas consideraciones respecto al acoso sexual, 3. Las redes sociales como medios de criminalidad, 4. Algunas ideas en torno a las redes sociales y el delito de acoso sexual, 5. A modo de conclusión.

Desde hace una década atrás hemos sido testigos del gran desarrollo de un sinfín de plataformas virtuales denominadas “redes sociales”, donde una gran cantidad de personas interactúan en tiempo real como parte de sus relaciones interpersonales; utilizándolas ya sea para comunicarse de diversas partes del planeta, teniendo como claros ejemplos, los de compartir información, noticias, eventos académicos, entre otros, cuyas actividades son esenciales para el hombre actual; sin embargo, también son usadas para perpetrar delitos, como extorciones, estafas, tráfico de información privada, así como una serie de delitos de connotación sexual tales como la captación de menores para la explotación sexual, actos contra el pudor, acoso sexual (especialmente contra mujeres[1]), es en ese sentido que este último mencionado será analizado en correlación al uso de redes sociales (tendencia virtual).

Realizado un análisis de lo postulado por la doctrina y desentrañando el verbo “acosar” podemos atribuirle el carácter de persecución, por ende, puede ser considerado como aquel comportamiento inevitable (insistente) con la finalidad de generar molestias o requerimientos indebidos. Entonces, el delito denominado “acoso sexual” se configura cuando el sujeto agente de forma reiterada, continua o habitual, ya sea empleando algún medio, efectúa acciones de vigilancia, persecución, hostigamiento, asedia o busca establecer algún contacto o cercanía con una persona (sujeto pasivo) sin su consentimiento, de manera que tal acción consiga alterar o perturbar el normal desarrollo de la vida cotidiana del agraviada o agraviado, todo ello con el objeto de llevar a cabo actos de connotación sexual.

El delito de acoso sexual se encuentra regulado en el artículo 176-B del Código Penal incorporado por el artículo 2 del DL 1410 (que incorpora el delito de acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de imágenes, materiales audiovisuales o audios con contenido sexual al código penal) de fecha 12 de setiembre del 2018, el mismo que tiene el siguiente contenido:

El que, de cualquier forma, vigila, persigue, hostiga, asedia o busca establecer contacto o cercanía con una persona, sin el consentimiento de esta, para llevar a cabo actos de connotación sexual.

Cuando la conducta se efectúa valiéndose del uso de cualquier tecnología de la información o de la comunicación. […]

Podemos entenderlo como la acción de observar atentamente a una persona u objeto, de tal manera que connota un control sobre estos, ya sea de manera directa o indirecta. Para el caso del tipo penal, esta acción tiene efectos de observación y control no deseados por la víctima y realizados por parte del sujeto agente.

Este término se entiende como la acción de seguir algo, para nuestro estudio si una persona abandona un lugar con la finalidad de trasladarse a otro, la intención del persecutor es la de alcanzarla. Entonces en el ámbito normativo, debe entenderse que el sujeto agente efectúa su accionar de seguir a una persona o buscarla por todos los lugares que frecuenta o transita con el objetivo de molestarla o importunarla.

Supone un comportamiento o conducta de insistencia ofensiva, por lo general el objetivo que se pretende con dicha acción es incomodar o perturbar a otra persona, la cual se siente amenazada o intranquila por dicha conducta.

Es la acción de rodear o cercar con la finalidad de incomodar e importunar insistentemente a otra persona, ya sea impidiendo su movimiento (traslado) o con cuestionamientos o peticiones que la importunan.

En primer lugar, se debe asentar lo que se entiende por consentimiento, siendo así, dicho término hace referencia a la exteriorización de la voluntad. En segundo lugar, dando respuesta a la premisa del verbo rector correlacional se puede afirmar, que una persona no consienta u opere sin consentimiento significa que no está de acuerdo con algo o con alguien, ya sea con sus manifestaciones o correspondencias. En este supuesto el sujeto agente canaliza sus esfuerzos por exteriorizar una relación con el sujeto pasivo, aunque éste último no apruebe o haya aprobado tal relación o tratativa.

El término cercanía es relativo a proximidad, es decir hay una disminución de distancia entre dos personas u objetos. En ese sentido, el supuesto típico entiende que una persona (sujeto pasivo) no consiente la proximidad de otra (sujeto activo), sin embargo, el sujeto agente lo efectúa de manera deliberada.

La vida cotidiana constituye el centro de la historia social. Por ello, representa la esfera de la realidad que conciben los individuos, susceptible a los cambios y modificaciones del contexto social, lo que permite considerarla como un espacio en permanente construcción[2]. En consecuencia, alterar el normal desarrollo de la vida cotidiana es la perturbación o trastorno que sufre la víctima en su esfera de desenvolvimiento habitual o al modelo o patrón al que solía estar acostumbrada; pudiendo existir un cambio en el estado anímico, físico y psicológico de la víctima debido a dichas conductas.

Hoy en día las TIC constituyen un conjunto de tecnologías que permiten a las personas el acceso, producción, tratamiento y comunicación de información presentada en textos, imágenes, sonidos, entre otros. Así mismo, el termino información y comunicación engloban la difusión masiva de datos, de soportes técnicos y de plataformas digitales, en los cuales están sumergidas las redes sociales. Por ende, todas las acciones típicas descritas pueden ser perpetradas por redes sociales (a excepción de la búsqueda de establecer cercanía sin consentimiento de la víctima, que debe efectuarse mediante contacto o aproximación física).

En la actualidad, los delitos de tendencia sexual están en su mayoría relacionadas a la denigración de la libertad sexual del género femenino. En tal razón, la libertad sexual de la mujer, después de la vida y la libertad personal, constituye uno de los bienes jurídicos de mayor prevalencia en nuestro sistema jurídico, pero también constituye el más expuesto y vulnerado en las relaciones interpersonales. Así Peña Cabrera Freyre indica que:

[L]as agresiones sexuales se producen en el entorno doméstico, laboral o social de las mujeres confirma la idea de que las agresiones sexuales no pueden ser explicadas como un comportamiento producto de perturbaciones mentales (aunque está sea la explicación de algunos casos), sino que las causas de dicha conducta tienen que ver con cuestiones más complejas, que difícilmente puede abordar el derecho penal[3].

De lo indicado entonces se puede sostener que la libertad sexual es considerada un objeto de protección jurídico que parte de la libertad personal, cuya configuración de esta radica en la autodeterminación, autonomía, y consentimiento de las facultades sexuales de una persona, especialmente de una mujer, en tal sentido, lo que se reprime en este ilícito penal es que el sujeto agente transgrede esa esfera de libertad del sujeto pasivo, y para nuestro análisis, lo efectúa valiéndose del uso de cualquier tecnología de la información o de la comunicación, traducidas en las redes sociales, donde hay un sinfín de contactos anónimos, donde no se sabe, ni se conoce el actuar de los demás y más aún cuando la información o el interactuar posee contenido sexual.

Se desprende de la propia ley cuando hace referencia “el que” a la persona que puede ser el sujeto activo, pudiendo ser cualquier persona natural, indistintamente de su género (varón o mujer).

El sujeto pasivo también puede ser cualquier persona natural, lo que significa que tanto el varón como la mujer pueden ser víctimas de este delito (considerándose también aquella situación de menoscabo –acoso– de hombre a hombre o de mujer a mujer).

De la lectura de la ley penal, en principio, se requiere dolo directo, esto es, conciencia y voluntad de realizar los elementos constitutivos de la conducta típica tendiente a vulnerar la libertad sexual de la víctima. El dolo, en su dimensión cognitiva, debe recorrer todos los factores y circunstancias que se encuentran abarcados en la tipicidad objetiva. También es perfectamente aceptable el dolo eventual, donde el conocimiento de una conducta que genera un riesgo jurídicamente desaprobado que se concretiza en la efectiva intromisión en la esfera de la libertad sexual del sujeto pasivo como bien jurídico protegido.

De acuerdo al tercer párrafo del artículo 176-B las agravantes que contiene el ilícito penal mencionado son:

1. La víctima es persona adulta mayor, se encuentra en estado de gestación o es persona con discapacidad.

2. La víctima y el agente tienen o han tenido una relación de pareja, son o han sido convivientes o cónyuges, tienen vínculo parental hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad.

3. La víctima habita en el mismo domicilio que el agente o comparten espacios comunes de una misma propiedad.

4. La víctima se encuentra en condición de dependencia o subordinación con respecto al agente

5. La conducta se lleva a cabo en el marco de una relación laboral, educativa o formativa de la víctima.

6. La víctima tiene entre catorce y menos de dieciocho años.

Así, las redes sociales son lugares en Internet donde las personas publican y comparten todo tipo de información, personal y profesional, con terceras personas, conocidos y absolutos desconocidos[4].

Según Celaya[5] existen tres clasificaciones principales de redes sociales:

Su propósito es tanto para intercambios comerciales como para interacción y búsquedas de oportunidades entre las personas. En estas redes se puede encontrar los siguientes:

LinkedIn, Xing, Viadeo, Edmodo, Google Hangouts, entre otros.

Este tipo de espacios cuentan con perfiles de usuarios muy similares a los anteriores, pero con ritmos de crecimiento distintos, marcados por generación de contactos, quienes ingresan con el fin de ponerse en contacto con personas cercanas y no tan cercanas, para comunicarse, o bien para compartir música, videos, fotografías e información personal. En estas redes sociales, se encuentran los más populares a nivel mundial: MySpace –en desuso–, Facebook, Tuenti, Hi5 –en desuso–, Twitter, Instagram, Whatsapp, y últimamente Tik Tok.

La aparición de redes sociales especializadas obedece a una determinada actividad social o económica, un deporte o una materia. Esto permite satisfacer una necesidad inherente del ser humano de formar parte de grupos con características e intereses comunes. En este tipo de redes se pueden encontrar, por ejemplo: Ediciona, eBuga, CinemaVIP, Duolingo entre otros.

Ahora bien, las redes sociales son mecanismos, que a fin de cuentas ayuda a las relaciones sociales interpersonales, sin embargo, también constituyen herramientas para cometer ilícitos penales, en especial de tendencia sexual, y como se hizo hincapié las principales víctimas son las mujeres. Ello constituye violencia contra las mujeres, cuya incidencia social está ligada a un sistema de relaciones de desigualdad en torno a los varones, cuyas raíces están marcadas desde hace muchos años y porque no decirlo desde hace siglos.

El derecho penal como un sistema de control social, no puede ni debe ser ajeno a las actuales tendencias tecnológicas, consecuencia de un sistema de globalización; claro está, que el sistema punitivo debe también estar en constante cambio, desde sus bases epistemológicas como normativas. Así, las redes sociales son un reflejo de nuestra sociedad y en ellas están presentes los mismos estereotipos y los mismos comportamientos que en el resto de los ámbitos, la misma violencia, en sus diferentes grados de intensidad[6].

Un punto que se debe resaltar también es que en las redes sociales se efectúa una tendencia de “cosificar” a los seres humanos, especialmente a mujeres, cuya incidencia compromete severamente la dignidad y la propia identidad de la persona. La cosificación es una forma de violencia simbólica que contribuye a cimentar la idea de que las mujeres han de estar disponibles, en todo momento, para satisfacer el deseo sexual de los hombres[7]. Todo ello también tiene una raíz en la estereotipación que existe en el mundo, donde las personas se rigen por ideas, prejuicios, actitudes, creencias y opiniones preconcebidas, impuestas por el medio social y cultural[8].

Otro punto es el contenido del término sexting que constituye el envío de imágenes o vídeos de carácter íntimo (por ejemplo, desnudos o semidesnudos en poses provocativas) que las personas toman de sí mismas, generalmente con el teléfono móvil o dispositivo electrónico como tablets o laptops. Pueden ir acompañadas, también, por comentarios de carácter erótico[9].

Este contexto por lo general responde a ciertos supuestos, tales como transmisiones en vivo, publicación de imágenes sugerentes, bromas entre amistades, entre otros; sin embargo, no se debe dejar de lado, los límites permisibles por el individuo a su esfera íntima o de carácter sexual, pues de lo contrario se está incurriendo en una intromisión a dicha esfera, y consecuentemente perseguible penalmente.

En ese sentido, el ilícito penal de acoso sexual mediando el uso de redes sociales contribuyen a la cosificación de las personas, a tratar de invadir la autodeterminación de la libertad sexual de la víctima, cuya incidencia también restringe indirectamente el normal desempeño de su personalidad e identidad, lo que torna muchas veces contextos de violencia, desprecio y burlas masivas.

En definitiva, este tipo penal conforma un tipo de violencia de género, especialmente violencia de tipo sexual, donde como se ha señalado en líneas precedentes, se cosifica y se transgrede a la víctima (especialmente mujeres) ejerciendo el dominio o superioridad en su libertad sexual, ya que, lo que busca el sujeto agente es llevar a cabo actos de connotación sexual, es decir, obtener satisfacción sexual mediante su intromisión virtual; por ende, y valga la redundancia, lo que el Estado protege con este injusto penal es la libertad sexual de la víctima, impidiendo la intromisión en la esfera de su libertad sexual haciendo uso de las redes sociales (soportes virtuales).


[1]    Claras incidencias han sido objeto de información en la actualidad el caso de la actriz Mayra Goñi, véase: https://bit.ly/2MfWu2U, y últimamente el caso del actor Andrés Wiese https://bit.ly/2YupuKk (aun en investigación por la autoridad competente).

[2]    URIBE FERNÁNDEZ, Mary Luz. “La vida cotidiana como espacio de construcción social”. En Procesos Históricos, N.° 25, Universidad de los Andes, Mérida, enero-junio, 2014, pp. 100-113. Recuperado de: https://bit.ly/2MabijG [Consulta: 30 de mayo de 2020].

[3]    PEÑA CABRERA FREYRE, Alonso. Derecho Penal. Parte especial. Tomo I, Idemsa, Lima, 2008, p. 603.

[4]    Vid. CELAYA citado por HÜTT HERRERA, Harold. Las redes sociales: una nueva herramienta de difusión. En Reflexiones, vol. 91, N.° 2, Universidad de Costa Rica, San José, 2012, pp. 121-128. Recuperado de: https://bit.ly/2TRLk93 [Consulta: 30 de mayo de 2020].

[5]    Ídem.

[6]    REY, Ana. Acoso y abuso sexual en las redes sociales. Instituto asturiano de la Mujer del Principado de Asturias, España, 2017, p. 7.

[7]    Ibidem., p. 9.

[8]    Ibidem., p. 28.

[9]    REY, Ana. Acoso y abuso sexual en las redes sociales. Ob. cit., p. 30.