El día que un abogado diga la verdad será el fin del mundo

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Por: Diego Fernando Morón Vivas
Abogado por la Universidad Privada Alas Peruanas. Magister en Gobierno y Gestión Pública, por la Universidad Privada San Martín de Porres.

Sumario: I. Introducción, II. Brillante pero ingenuo, III. Una piedra en el zapato, IV. La impopularidad es el privilegio de todas las verdades, V.Un secreto a voces, VI. Una decisión moral está más allá del bien y el mal, VII. El imperativo categórico es incompatible con el actual sistema de justicia, VIII. Conclusión. IX. Bibliografía

I. Introducción

Al lector le advierto que en el presente relato procuraré valerme de una fantasmagoría que pondrá en relieve la naturaleza real de nuestro sistema de justicia. Para ello, utilizaré uno de los personajes más afamados del escritor ruso Fiodor Dostoievski, llamado Liev Nikoláievich, el príncipe Mishkin o simplemente “El idiota”.

Seguramente el lector recordará o quizá habrá escuchado hablar del autor de la obra Crimen y Castigo, pues bien, él es Dostoievski y también escribió una obra llamada El idiota. En resumidas cuentas, esta obra narra las vicisitudes de un hombre que estuvo internado en un centro psiquiátrico de suiza por sufrir de epilepsia.

Aquel personaje era inocente e ingenuo por naturaleza, además ostentaba un linaje que lo hacía príncipe. Él era tan puro que hasta el propio Dostoievski, lo calificó como “un ser humano completamente hermoso”. El autor ruso utiliza el término “hermoso” para evocar algo más allá de lo físico y referirse claramente al alma de este personaje. El príncipe Mishkin era tan ético y moral que muchas veces parecía denigrarse como ser humano y rozar la ridiculez.

Su escaso filtro social y su repugnancia por la mentira lo llevaron en muchas ocasiones a ser odiado, aunque también amado e incluso venerado. Muchos lo comparaban con un niño, pues era tan sincero y auténtico como uno. La rusia del siglo XIX descrita por Dostoievski en la obra, pone en evidencia un sistema social totalmente corrompido por el egoísmo, el rencor y la traición, lo cual contrasta sobremanera con la forma de ser del príncipe.

Al final de cuentas o sobrevivía el príncipe Mishkin y el sistema social se adaptaba a él o prevalecía aquel sistema tal y como era y se expectoraba a Liev Nikoláievich. El sistema no estaba para tanto, de tal manera que “el idiota” tuvo que retornar al centro psiquiátrico del cual de haber sabido lo que le esperaba allá afuera hubiera preferido jamás salir.

Ahora invito al lector a imaginar que el príncipe Mishkin, Liev Nikoláievich o simplemente “el idiota” con esas características personales descritas se convierte en un brillante abogado quien se debe enfrentar con la cruda realidad de nuestro sistema de justicia. Díganme ustedes, ¿cuánto podría aguantar un abogado como ese en nuestro sistema de justicia?, solo espero que sobreviva al intento.  

II. Brillante pero ingenuo

Julio Castañola abogado y socio fundador del estudio jurídico “Iuris Tantum” no había podido conciliar el sueño después de la última llamada del 23 de octubre. Dicha comunicación fue realizada por un funcionario público muy influyente quien lo había contactado para solicitarle los servicios jurídicos del mejor abogado penalista de su consultorio.

Julio necesito tu apoyo, me han denunciado. Dijo el funcionario. Julio del otro lado de la línea algo sorprendido señaló. Tienes mi apoyo, dime, ¿quién te ha denunciado? y ¿por qué? El funcionario respiró hondo y contestó. Ha sido mi propia hija quien lo ha hecho. A ella se le ha ocurrido “la brillante idea” de acusarme de tocamientos indebidos y de violación sexual. Julio sorprendido añadió. Debe ser una broma, tú eres un hombre intachable, seguro la madre está detrás de toda esta farsa.

El funcionario pareció agitarse y precisó. Esta vez la madre no tiene nada que ver, sabes que debo ser muy sincero contigo sino quiero que en el proceso judicial alguno de tus abogados pise en falso. Julio trató de disimular la sorpresa e indicó. Descuida, mi trabajo consiste en otorgarte la mejor defensa legal posible, sabes bien que yo soy de los que piensa que la moral debe quedar al margen del ejercicio profesional.

El funcionario indicó. Lo sé y por eso recurro a ti. Julio precisó. Dime, ¿tienes la denuncia a la mano? El funcionario respondió. La tengo justo aquí. Julio dijo. ¿Cuándo se suscitaron los hechos denunciados? El funcionario contestó. Ella dice que yo la tocaba de forma indebida desde que tenía 6 años y que lo hice por 2 o 3 años. Luego añadió que la violé cuando tenía 11 años hasta que cumplió los 14.

Julio interesado y pensativo le dijo. Entiendo, dime algo, ¿todo lo que dice en la denuncia es cierto? El funcionario con cinismo respondió. Lo es, por eso necesito que te encargues, porque pronto serán las elecciones municipales y no quiero tener problemas, sabes cómo es la política, se aprovecharán de inmediato de esta situación para desacreditarme. Julio añadió. No lo dudo amigo. Sabes que por este proceso te cobraré caro. El funcionario indicó. Por el dinero ni te preocupes, lo único que necesito es que no existan rastros de mis porquerías.

Julio agregó. Descuida, solo necesitamos al mejor abogado penalista de mi estudio. El funcionario precisó. El mejor sí, el mejor. Julio añadió. Tu abogado será Liev Nikoláievich, es joven y brillante, podría asegurar que a sus 27 años es el mejor abogado penalista que haya visto en mis largos 50 años como letrado. Tiene una memoria fantástica y un agudo análisis que lo hacen impresionante. El funcionario dijo. Vaya si es así, que sea él, tú encárgate de todo.

Julio algo contrariado contestó. Yo hablaré con él y te acompañará a lo largo de todo el proceso. El funcionario sonrió y dijo. Julito no te olvides que habrá un considerable bono de éxito. Julio sonreía e indicó. ¿De cuánto estamos hablando? El funcionario esbozaba una sonrisa en los labios y contestó. Millones de dólares, solo resuélveme el problema como sea. Julio acotó. No lo dudes, dejaré la vida en este caso.

La noche en la que ha Julio se le hizo imposible dormir, pensaba en que el príncipe Mishkin era el indicado para asesorar y representar legalmente al funcionario. No tenía dudas de sus conocimientos ni tampoco de la experiencia de la que ya era acreedor. Sin embargo, lo perturbaba esa moralidad kantiana que abrazaba el príncipe. Sabía que Liev Nikoláievich, jamás renunciaría a sus principios éticos y antes de hacerlo preferiría incluso la muerte. Él no defendía culpables, ni mucho menos abusadores de menores. Tampoco podía mentir, aunque era muy ingenuo y carecía muchas veces del tamiz adecuado para decir las cosas.

Para Julio solo era importante utilizar la capacidad intelectual de la que gozaba Liev Nikoláievich. Sabía que si lograba utilizarla sin involucrar los valores éticos del príncipe el triunfo estaba asegurado, entonces pensó que la única alternativa viable para conquistar esa fortuna que iba a recibir el estudio jurídico “Iuris Tantum” por ese caso, era crearle una realidad paralela a la de origen. De inmediato pensó en reunirse con los otros dos socios fundadores y emprender una conspiración para utilizar al “idiota”. 

III. Una piedra en el zapato

A las 7:00 de la mañana se encontraban Julio y los otros dos socios fundadores del estudio sentados alrededor de una mesa redonda. Julio con ciertos estragos de la mala noche se dispuso a hablar.

No podemos perder tanto dinero, este chico nos hará ganar una fortuna, pero debemos saber manejar sus emociones. Refirió Julio. Uno de los socios contestó. Es cierto, tiene el conocimiento para lograr convencer a los jueces de que se trata de un caso bregado por la duda razonable. Aunque sabemos de que pie cojea, su moralidad me irrita, jamás he visto un abogado como ese. El segundo socio añadió. Debemos convencerlo de que el funcionario es inocente y listo. Julio precisó. Eso estuve pensando y lo mejor será que le hagamos creer que defenderá una causa justa, solo así Liev Nikoláievich no solo desplegará la capacidad que todos le conocemos, sino que además entregará el corazón en este caso.

El primer socio señaló. Es lo mejor, ahora solo necesitamos convencerlo. El segundo socio refirió. No será muy difícil sabemos que es muy ingenuo, hagámoslo pasar. Julio añadió. Espera, en lo posible tratemos de evitar que se quede a solas con el funcionario, no sabemos que podrían decirse el uno y el otro.

El primer socio señaló. Entiendo, la idea es que el príncipe crea que el funcionario es inocente y que el funcionario crea que Liev Nikoláievich sabe que es culpable. El segundo socio dijo. Solo así no perderemos ni a uno ni al otro. Julio sonriendo asintió con la cabeza, cogió el teléfono y dijo. Que pase el doctor Mishkin.

Toma asiento por favor. Dijo Julio. Le agradezco. Contestó Liev Nikoláievich. Julio agregó. Te hemos convocado porque necesitamos que asistas y representes a un funcionario público muy importante a quien han denunciado. Liev Nikoláievich intuitivamente y pensativo señaló. Me parece haber escuchado en las noticias, que se le acusa de cosas muy terribles, creo que necesitará una buena defensa si quiere salir bien librado de este terrible problema que ahora tiene. Julio con cierta sorpresa agregó. Así es, por eso te hemos llamado, sabemos que tú eres capaz de resolver este “pequeño inconveniente”.

Liev Nikoláievich sin comprender la ironía añadió. No creo que sea un pequeño inconveniente, en realidad creo que terminará en la cárcel y le darán cadena perpetua. El primer socio señaló. Por favor Liev Nikoláievich, te pido tengas la amabilidad de comprender de que se trata de un hombre inocente y me consta. Liev Nikoláievich preguntó. ¿le consta? Julio respondió por él. Así es príncipe, en realidad nos consta. Y más a mí que a ellos. Dijo mirando a los dos socios. Yo he sido su amigo por muchos años y en realidad puedo asegurarte que todo se trata de una conspiración en su contra. Y que no hay ni un ápice de verdad en esas acusaciones.  

Liev Nikoláievich señaló. Le pido sea más claro por favor, porque de ser así, no podemos dejar que un hombre inocente termine sus días en la cárcel. Julio entusiasmado señaló. Sucede estimado Liev Nikoláievich, que este funcionario había discutido con la presunta agraviada quien es su hija de 18 años actualmente.

Como consecuencia de esta discusión ella decidió acusarlo. Liev Nikoláievich añadió. ¿qué clase de discusión podría llevarte a acusar a tu propio padre de semejantes actos? Julio presuroso respondió. El padre la botó de la casa porque la hija vivía de forma desenfrenada, siempre andaba de fiesta en fiesta y no asumía ninguna obligación. Mi amigo tan solo quiso poner orden en su casa y mira lo que le pasó. Julio añadió esto último como sollozando.

Liev Nikoláievich consternado señaló. Por Dios se puede uno imaginar semejante atrocidad. El segundo socio acotó. Vaya que uno nunca termina de conocer a los hijos. El primer socio reaccionó y precisó. Ya no podemos confiar ni en nuestra propia sangre, solo espero que se haga justicia por este hombre. Julio miraba al príncipe con suspicacia y precisó. Príncipe, necesitamos que logres poner en evidencia tamaña desventura que está viviendo este padre. Liev Nikoláievich compungido contestó. Si es así, no duden que lograré revertir esta situación, aunque ahora frente a estos actos de violencia sexual la sola declaración de la víctima basta y sobra para meter a cualquiera a la cárcel.

Aunque debemos recordar que los acuerdos plenarios 02 del 2005 y 01 del 2011 expedidos por la corte suprema, exigen que aquella declaración cumpla ciertos requisitos para enervar la presunción de inocencia. Julio sonriendo señaló. ¡Eso necesito!, ¡que desde el primer momento empieces a comprometerte con este caso!, ¡no podemos permitir que un inocente vaya a la cárcel! Liev Nikoláievich abstraído dijo. Esperen, ¿dijeron que la hija del funcionario vivía de forma desenfrenada y al intentar el padre poner orden, ella lo denunció?

El segundo socio respondió. Lo has comprendido a la perfección Liev Nikoláievich. El príncipe dijo. Estoy seguro que de ser así, la hija no estudiaba ni mucho menos trabajaba y es evidente que el padre le pagaba todos sus caprichos y la madre brillaba por su ausencia. Todos lo observaban sorprendidos por la forma en la que empezaba a apasionarse por el caso.

El príncipe añadió. De ser así ataquemos el primer presupuesto exigido por uno de los acuerdos plenarios, me refiero a la ausencia de incredibilidad subjetiva. Julio añadió. Continúa por favor. Liev Nikoláievich aún más pensativo señaló. Desacreditemos moralmente a esta chica, necesito tres testigos y además documentos que permitan acreditar que ella no estudiaba ni mucho menos trabajaba y que el padre era el único que la subvencionaba económicamente. De tal manera que podré debilitar su relato y crearemos la duda razonable que permitirá absolver a este buen hombre.

Todos se pusieron de pie y empezaron a arengar y a aplaudir al príncipe. Julio de pronto dijo. Esa es una de las razonas que me hicieron elegirte. Tu pasión por los casos. Liev Nikoláievich parecía no escucharlo y dijo. Ahora solo necesito saber si el hecho se adecúa a los tipos penales. Julio dijo. Príncipe entonces te dejamos trabajar, damos por concluida esta reunión. Liev Nikoláievich los miró y respondió. Si necesito algo más se los haré saber, por ahora debo presentar mi apersonamiento y conocer a este pobre hombre. Julio algo preocupado miraba a los demás socios y respondió. Coordinaré una reunión con él. Liev Nikoláievich agregó. Te pido que sea lo más pronto posible. Todos salieron de la oficina principal.

IV. La impopularidad es el privilegio de todas las verdades

Habían pasado tres meses desde la última reunión, el príncipe se encontraba elaborando la estrategia legal con la que afrontaría mañana la audiencia de incoación de proceso inmediato solicitada por la fiscalía. Había tenido hasta tres reuniones con el funcionario, aunque en cada una de ellas siempre estuvo presente Julio, quien se las había arreglado para evitar que el príncipe se enterase que el denunciado era culpable y para lograr que el procesado piense que “el idiota” lo consideraba tan responsable de los crímenes como Julio.

Julio era el encargado de conseguir a los testigos y la documentación requerida por el príncipe. Era obvio que los testigos serían tan falsos como la realidad que los tres socios fundadores habían logrado crearle al inocente abogado. La documentación no era menos falsa que los testigos, Julio había procurado obtener una constancia que acreditaba que la víctima había sido matriculada al primer ciclo de la facultad de economía de una prestigiosa universidad, con el pequeño detalle de que jamás había asistido.

No se le hizo muy difícil conseguir los estados de cuenta de la víctima que acreditaban las diversas transferencias bancarias que le hacía el padre para su manutención mensual. Con lo cual se pretendía acreditar que la agraviada no trabajaba y que su agresor era el que siempre se había encargado de todos sus gastos. Julio con el apoyo de algunos hackers logró extraer unos videos del celular de la joven, en los cuales se le encontraba en algunas discotecas consumiendo diversas sustancias alucinógenas. Todo parecía marchar a pedir de boca.

Eran casi las 3 de la mañana y Liev Nikoláievich solo estaba afinando algunos detalles más de lo que sería su argumento. Apuntaba algunas cosas en una hoja de papel, hacía recuadros y además resaltaba ciertas palabras escritas. De pronto sonó el teléfono. Era Julio quien le dijo. Príncipe, ya cuento con todo lo que necesitas. Liev Nikoláievich sin dudar ni mucho menos cuestionar la forma en la que se habían conseguido esos medios probatorios señaló. Maravilloso, ¿entonces también pudiste contactar a las testigos? Julio sonriendo respondió. A cada una de ellas, sabes que son sus compañeras del colegio. Liev Nikoláievich agregó. Con ellas podremos mostrar la clase de persona que en realidad es la hija.

Julio precisó. Estuve coordinando con ellas las preguntas que les harás y la forma en la que responderán. Liev Nikoláievich asintió con la cabeza e indicó. No será muy difícil que se expresen con claridad, pues dirán la verdad. Su declaración será prácticamente espontanea. Julio sonriendo precisó. Dices bien príncipe. Por cierto, los documentos te los haré llegar mañana temprano, para que tengas todo listo para la audiencia de la tarde.

Julio añadió. Príncipe, déjame decirte algo más. Liev Nikoláievich señaló. Adelante. Julio indicó. ¿Cómo te sentirías si en realidad estuvieras defendiendo a un culpable? El príncipe refirió. Sabes bien que no tomo esos casos y tampoco me gusta pensar en eso. Tan solo de imaginarlo se me eriza la piel y siento escalofríos. Es simplemente inconcebible. Empiezo a sentir una inmensa angustia. Julio agregó. Yo sé que no te elegí por tu moralidad sino por ese poder intelectual, el cual todos admiran, pues a pesar de que no defiendas culpables, y que tu moralidad sea incompatible con nuestra profesión, eres el mejor en lo que haces.

Sin embargo, sabes que ese camino que has decidido tomar, te hará muy impopular. Liev Nikoláievich indicó. Lo sé y suscribo plenamente el pensamiento de José Ingenieros quien decía, “la impopularidad es el privilegio de todas las verdades.” Estoy convencido de que siempre preferiré ser impopular y decir la verdad antes que claudicar a mis principios. Julio añadió. A veces siento que eres un peligro para el estudio. Aunque me quedo corto. Eres un peligro inminente para los abogados e incluso para el sistema de justicia.

Liev Nikoláievich agregó. Soy consciente como funciona el sistema de justicia. Pero no por eso todos debemos asumir la misma posición. Creo que no hay nada más hermoso que hacer justicia. Julio indicó. Pienso que el día que los abogados digan la verdad el mundo se acabará. Liev Nikoláievich precisó. Creo que mentir es un buen negocio para los abogados. Además de utilizar palabras grandilocuentes con sus clientes para hacer que las minucias parezcan importantes. Son unos embusteros y eso me avergüenza.

También soy consciente que los abogados pareciesen capacitarse para lograr ralentizar el desarrollo normal de cualquier proceso judicial, logrando con sus diversas artimañas y leguleyadas que la gente piense que acudir a los tribunales es muy costoso. Nadie me saca de la cabeza que aquella frase tan popular que se suele decir. El príncipe parecía recordar y dijo. “Es mejor un mal acuerdo que un buen juicio” es justamente culpa de estos abogados.

Julio precisó. De los jueces y fiscales no podrás decir mejores cosas Liev Nikoláievich. Es cierto. Ellos son tan tramposos como los demás abogados. Son tan deshonestos que siempre suelen excusarse en su absurda carga procesal. Julio se carcajeó y añadió. Como si los justiciables tuvieran que pagar los problemas que ellos tienen. Liev Nikoláievich indicó. Yo me pregunto, sino se dan abasto, ¿por qué todos los casos, deben seguir concentrándose en el ineficiente poder judicial?, ¿acaso no se dan cuenta que ninguna reforma judicial funciona cuando el órgano resolutor es siempre el estado? Julio contestó. Estoy de acuerdo príncipe, pero sabes bien que esa absurda carga procesal nos permite ganar más con los clientes. Liev Nikoláievich señaló. Personalmente yo pienso primero en resolverle el problema a un cliente y luego en cobrarle.

Eso es lo más productivo para todos, porque si le resuelves aquello que lo perturba te volverá a llamar e incluso te recomendará con más personas. ¿al final, quien terminó ganando, el abogado que se preocupó en cobrar antes que en resolver el problema o el abogado que se preocupó primero por obtener una solución? Julio pensativo dijo. Tienes razón, pero los abogados no funcionamos así, no cambiarás eso jamás. Liev Nikoláievich agregó. No pierdo las esperanzas de que algún día los abogados pensemos así.

Personalmente yo espero contribuir con algo de moralidad en este menoscabado sistema de justicia que hoy existe. Señaló el príncipe. ¿por qué eliges el camino más difícil? Cuestionó Julio. Liev Nikoláievich respondió. Creo que en el fondo soy un contracultura. Julio sonrió y dijo.  Creo que en el fondo eres un niño. Liev Nikoláievich precisó. Sabes que el niño, es uno de los símbolos más importantes de la filosofía de Friedrich Nietzsche. Él decía, “Crecer es recuperar la seriedad con la que jugábamos de niños” Julio algo sorprendido señaló. Es algo tarde para filosofar, pero no me quedaré con la duda, dime que significa. Liev Nikoláievich contestó. Un niño niega cualquier cosa que se le cruce en el camino. Seré más claro. El otro día, estaba en la casa de mi hermana, y pude observar que ella cocinaba y mi sobrino de siete años se encontraba cerca.

De pronto, él cogió un cucharón y empezó a utilizarlo como si fuera una espada. En aquel momento comprendí que los niños al ser genuinos, puros y espontáneos son capaces de cambiar el sentido ordinario de todo. Yo te pregunto, ¿acaso un hombre que pensaba de forma diferente al resto no ha sido la causa de la evolución y progreso en el mundo? Julio contestó. Estoy de acuerdo. Liev Nikoláievich señaló. Esa es la explicación de la frase. Piensa como sería el derecho si los abogados no solo se preocuparan en pensar de acuerdo al código penal, civil, entre otros y entendieran que el derecho es algo más que una norma. Julio pensativo dijo. Creo que dejarían de ser tan básicos como lo son ahora.

Liev Nikoláievich asintió con la cabeza y señaló. Ellos no harán nada importante jamás, viven como decía aquel jurista Alfredo Bullard en una esquizofrenia jurídica. Claro está que entre ellos se idolatran y piensan que son los más brillantes e innovadores que puede haber. No son nada, solo unos tontos paporreteros. El día que los abogados dejen de pensar que el derecho es norma y asuman la posición de aquel jurista Carlos Cossio de que el derecho es conducta humana y que las normas nacen y deben nacer por la fuerza de su espontaneidad, también se acabará el mundo. Julio indicó. Entonces serían como tu sobrino, que le dio un sentido distinto al cucharón. Liev Nikoláievich señaló. Creo que lo has comprendido. Julio precisó. No tengo nada que objetar, te veo mañana en la audiencia. Ambos se despidieron.

V. Un secreto a voces

El juez, era un hombre regordete y colorado, tenía una edad en la que normalmente las personas comienzan a pintar canas, sus manos estaban llenas de pecas propias de la vejez. Además, constantemente solía ser denunciado ante la OCMA pero nunca sancionado. Era afamado por sus poderosas influencias y los abogados le temían.

El Príncipe se encontraba a la mano izquierda del juez y el fiscal a su derecha. Adyacente a Liev Nikoláievich, estaba el funcionario, quien parecía algo nervioso y ansioso por el desenlace de la audiencia. Se mordía las uñas y se frotaba las manos como si quisiera calentarlas.

Señores, daremos inicio a la presente audiencia de incoación de proceso inmediato. Refirió el juez. Hizo la reseña acostumbrada que se hace al iniciar una audiencia, los sujetos procesales se acreditaron y el fiscal comenzó con sus alegatos.

Entre otras cosas, el fiscal contaba con la declaración de la víctima, de la madre, contaba además con un certificado médico legal que no acreditaba desgarro alguno o acto contra natura notorio, debido al paso del tiempo, un informe psicológico que evidenciaba la afectación emocional de la víctima producto de los hechos denunciados. Además, de contar con unos mensajes de texto y unos audios en donde el agresor le pedía perdón a la víctima por los crímenes que había cometido, exhortándola a que se retracte y amenazándola con que se mataría sino lo hacía.

El príncipe contaba con toda la artillería que Julio le había conseguido, pretendiendo con ellas desacreditar la moralidad de la víctima. El juez parecía escuchar al fiscal con cierto desinterés y hasta con antipatía. Siempre había dicho que los fiscales lo único que hacen es negarle la oportunidad de unos ingresos extras. Por su parte cuando le tocó oralizar sus argumentos al príncipe, el juez lo miraba con entusiasmo, como si viese en él una presa próxima a capturar.

El príncipe fue categorial al señalar su argumento. Parecía que el descargo que realizaba era más que suficiente para convencer a cien jueces, nadie podía resistirse a sus dotes como orador. Sin embargo, en el fondo el príncipe no solo estaba defendiendo una causa sumamente injusta, también estaba peleando contra los intereses políticos de un gran sector. Me refiero al sector feminista, que frente a estos hechos siempre estaba pendiente. Situación que a Liev Nikoláievich le parecía por demás injusta y vulneradora de la igualdad ante la ley.

Las feministas se habían encargado al redactar la ley para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra la mujer que se aplique en todos los casos de este tipo el enfoque de género, que favorecía a una mujer, tan solo por serlo y castigaba de forma indiscriminada a cualquier hombre, también tan solo por serlo. Eso también pesaba sobre la cabeza del juez, lo cual lo hacía odiar aún más a los fiscales quienes por obvias razones complicaban aún más sus ingresos extras.

Por esas consideraciones señor juez, es que solicito que se declare infundado el pedido del ministerio público. Concluyó el príncipe. El juez habiendo escuchado a ambas partes dijo. Señor fiscal, ¿usted está seguro de que en la declaración de la víctima no existe odio ni resentimiento hacia el padre? El fiscal señaló estoy seguro señor magistrado, creo que nuestra posición es más que sólida. Entre otras cosas, la víctima refiere que su padre la violó hasta en cincuenta oportunidades. ¿Quién podría mentir de tal manera? El juez señaló. Hay muchos casos que he visto y créame que no se imagina de lo que pueden ser capaces los hijos.

Pido se tenga en consideración el enfoque de género señor juez. Arguyó el fiscal. Se considerará en su momento. Contestó el juez. Liev Nikoláievich pidió permiso para interrumpir y añadió. Señor magistrado lo que pide el Fiscal en cuanto al enfoque de género, tiene que ver en parte con que los acervos probatorios que ostenta no son suficientes, por ello apela a esa figura jurídica perniciosa, por ser totalmente parcializada e irrumpir con el estado de derecho, que entre otras cosas se sustenta en la igualdad ante la ley.

Pero su judicatura sabrá excluir los intereses políticos de un sector y resolverá conforme a un criterio objetivo e imparcial. Recuerden ustedes refirió el príncipe. Que ya lo advertía Alfredo Bullard, “es mejor una ley bien aplicada que una ley bien redactada.” La responsabilidad más grande recae en los operadores de justicia, ellos son los que al final de cuentas tienen la última palabra y con sus interpretaciones pueden corregir una ley que brilla por perniciosa y draconiana.

Mañana al medio día estará notificada la resolución, hemos concluido. Señaló el juez. Cuando se estaba retirando Liev Nikoláievich y el funcionario quien seguía muy nervioso por el resultado de la audiencia, le dijo. Príncipe, necesitamos reunirnos con el juez, él me citó hoy en la noche a su despacho. Liev Nikoláievich contestó. no lo entiendo, cuál sería la razón de tal reunión.

El funcionario refirió. Necesitamos asegurarnos el resultado. Liev Nikoláievich confundido señaló. Confíe en mi trabajo, no se apresure. Nos irá bien. El funcionario indicó. No lo sé, no esperé que mostraran esos mensajes y audios. Liev Nikoláievich indicó. Descuide argumentaré de que se tratan de pruebas ilícitas. No obstante, la verdad está de nuestro lado, así que los problemas no son para nosotros, sino para el fiscal.

Julio al ver que estaban mucho tiempo solos, quiso intervenir y el funcionario con una mirada lo alejó. El funcionario ante la mirada de Julio y del príncipe dijo. Usted no comprende, la reunión se tiene que dar porque el juez me conoce y necesitamos de una vez por todas acabar con todo esto. Además, no voy a gastar una millonada para que el juez haya aceptado recibirme y que ahora usted se niegue a acompañarme.

Liev Nikoláievich quedó consternado y solo atinó a decir mirando a Julio. No comprendo, que está pasando. Julio como queriendo apaciguar las cosas dijo mirando al funcionario. No te preocupes amigo, él estará ahí, solo está un poco emocionado producto de la adrenalina que se siente en estos lugares. Liev Nikoláievich aturdido empezó a sentir un temblor en el cuerpo, casi incontrolable y dijo. Me tengo que ir. El funcionario mirando a Julio dijo. Llévalo, de lo contrario olvídate de nuestro trato. Julio refirió. Nos vemos ahí.

VI. Una decisión moral está más allá del bien y el mal

El príncipe tuvo que ser conducido a un hospital, producto de los ataques de epilepsia que súbitamente le sobrevinieron. Algo más recompuesto y con Julio a lado dijo. ¿Cómo es posible que no me hayas dicho la verdad? Julio señaló. Liev Nikoláievich es hora de que te comportes como un hombrecito y empieces a entender que la vida no funciona como tu crees. Sabes bien que yo te he contratado y que no te pago poco. Ahora solo necesito que cumplas con brindarle el mejor servicio jurídico que se pueda a este hombre. El príncipe dijo. Me niego a hacerlo. Julio señaló. No hay elección, si lo haces, mañana temprano estarán muertas tu hermana y tu sobrino.

El príncipe algo anestesiado aún por las medicinas que había recibido señaló. ¿Dónde será la reunión? Será en el mismo despacho del magistrado, necesitamos coordinar todo muy bien. Refirió Julio. Déjame solo. Señaló el príncipe. Julio se levantó y antes de irse le dijo. Tienes unos minutos. El príncipe sabía que escapar no funcionaría, estaba muy débil para intentar algo como eso. No había forma de rehuir a algo como esto. Lo más preciado que tenía el príncipe, eran su hermana y su sobrino. Por otro lado, tenía unas ganas enormes de contarle a todos la verdad e incluso se imaginaba alegando conjuntamente con el fiscal en contra del funcionario.

Pensaba en contarle todo a la madre de la víctima y además denunciar a este juez y también ponerlo en evidencia ante la opinión pública. Deseaba además que el funcionario no ganase las elecciones municipales. No obstante, tenía que elegir entre el amor por su hermana y sobrino o sus principios éticos. El príncipe sabía que antes de representar a un culpable, prefería morir. Siempre recordaba la máxima Kantiana que decía, “la ética tiene que ser, la ética del deber.” Pronto el príncipe tomó una decisión.

Reunidos el juez, Julio, el funcionario y el príncipe, el primero empezó diciendo mirando al funcionario. Tienes la resolución asegurada amigo mío. Solo evita meterte en más problemas. Sabes que no me salió nada barato. Refirió el funcionario. Vale la pena cuando lo que está en juego es la libertad dijo Julio. Liev Nikoláievich no podía pronunciar palabra alguna, estaba compungido y pálido como si fuera a desmayarse. El juez lo miró sin percatarse de su estado y dijo. Usted es un buen abogado, es uno de los mejores que he visto sino el mejor, siga así. Y recuerde que lo único que necesita un buen abogado, es un buen juez a su servicio. Julio ante la ausencia de respuesta de Liev Nikoláievich señaló. Es joven aún, pero ya va aprendiendo.

El juez quitó la vista del príncipe y respondió mirando fijamente a Julio. Así veo. El funcionario señaló dirigiéndose al juez. Gracias amigo, sabes que, con esto de las elecciones municipales, quiero evitar este tipo de contrariedades. El juez indicó. Te conozco bien, sabes que estoy de tu lado. No olvides que estoy postulando para juez superior y necesitaré tu apoyo. El funcionario señaló. Lo tendrás. Al día siguiente al medio día, la resolución fue favorable al funcionario.

VII. El imperativo categórico es incompatible con el actual sistema de justicia

Devuelta en el estudio, Julio le dijo al príncipe. Resígnate Liev Nikoláievich, la verdad es que siento hasta cierta lástima, por la forma en la que sufres por este tipo de cosas. No te entiendo, podríamos ganar tranquilamente millones, con tu capacidad y mi astucia, seríamos imparables, pero tú desprecias lo que la vida te está ofreciendo.

Liev Nikoláievich más recompuesto dijo. Para mí es demasiado. Ninguno de ustedes. El príncipe se refería al juez, el funcionario y julio. Conoce aquella frase Kantiana que señala, “obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal” seguidamente el príncipe refirió. Dime, ¿cómo te sentirías si fueras tú el perjudicado y tuvieras una hija, a quién un juez y un funcionario poderoso le negaran la justicia? Julio algo reflexivo contestó. Me sentiría mal, pero así funciona nuestro sistema de justicia. Solo sobrevive el más fuerte, no el más justo, ni el más moral. Liev Nikoláievich señaló. Aborrezco tanto el engaño, y sobre todo la injusticia y esas máximas morales que ustedes vuelven leyes universales.  

Debes controlarte. Dijo julio. Liev Nikoláievich señaló. Necesito irme, nos vemos mañana. Julio refirió. Príncipe no intentes nada estúpido, sabes lo que pasará. Liev Nikoláievich indicó. Conozco bien tus intenciones. Adiós.

Luego de varios meses, se fijo fecha y hora para los alegatos finales del juzgamiento. El príncipe había sido internado varias veces a lo largo de este juicio. Tuvo súbitos y repentinos ataques epilépticos y en muchas ocasiones tuvo que ser sustituido por otros abogados del estudio. Julio conversó con él y le advirtió como si el príncipe fuera el causante de estos ataques, que lo mejor para él y su familia, era que se presentase a los alegatos de clausura y deslumbrara a todos, y por fin consiguiera la absolución del funcionario. Él príncipe le aseguró que estaría presente, aunque su vida corriese peligro.

El día, llegó y como era costumbre, la prensa se instaló en la sala de audiencias y el juzgamiento sería transmitido en señal abierta. Tiene el uso de la palabra abogado de la defensa. Dijo uno de los magistrados. Liev Nikoláievich se paró, parecía como si un frenesí se apoderará de él y dijo. ¿Señores magistrados realmente podemos confiar en la justicia que imparte el poder judicial? Todos en la sala lo miraron perplejos. Yo creo que no. Julio estaba sorprendido y el funcionario miró al príncipe con impaciencia.

A lo largo de esta investigación, solo he podido comprobar, que la justicia es tan ineficaz como siempre lo ha sido. Claro, no podía esperar nada positivo del estado. Siempre hizo mal las cosas, no conoce la palabra eficiencia, ni mucho menos podría entenderla. Se trata de una madriguera de burócratas lentos y malhumorados. Imagínense que al burócrata se le puede reconocer a leguas. Siempre vistiendo de sastre, algo desaliñado y desgarbado. Anda sin apuros, porque espera su sueldo sentado, sin preocupación, ni motivación alguna que lo obligue a capacitarse. Es realmente un parásito. No sabe enfrentar la vida, entonces prefiere lo seguro, desea lo fácil, lo inmediato y no desea conocer la preocupación ni la presión que puede sentir una persona que tiene que ganarse la vida peleando a diario.

Encima de que tiene esas comodidades, se corrompe. Como si no fuera suficiente todos los beneficios que tiene. Todos prendieron su televisión, ante la noticia de que un abogado había enloquecido y se encontraba frente a unos jueces, diciéndoles más que una verdad. De pronto uno de los magistrados se disponía a interrumpirlo y el presidente del colegiado le dijo, espera. Déjalo defenderse, sabe que le quedan pocos minutos, si lo quiere usar de ese modo, no lo retengas.

No puedo dejar de mencionar las grandes recompensas que reciben los diversos magistrados de esta viciosa y corrompida autoridad judicial. ¿acaso alguien cree que esos pocos actos de corrupción que se han ventilado por televisión son los únicos que existen? Lo voy a parar dijo uno de los magistrados mirando al presidente y este le señaló. Hazlo. Señor abogado dijo el magistrado. Procure ser más concreto.  

Liev Nikoláievich señaló. Lo seré señores magistrados. Bien, ahora me piden que sea más concreto. Lo haré, mi patrocinado es culpable. El funcionario estaba confundido, así como todos los presentes. Como lo escuchan señores magistrados, mi patrocinado es autor de los crímenes que se le imputan. Solo que, se trata de un funcionario poderoso y tiene las suficientes influencias para solucionarlo todo, estas pruebas que ofrecí, como las testigos y los documentos que acreditan que la víctima no estudiaba y que era constantemente subvencionada por su padre, son falsas y ustedes jamás lo advirtieron. ¿Saben por qué? Porque son tan corruptos como él. El presidente de la sala levantando la voz dijo. ¡Señor abogado, si vuelve a faltarnos el respeto lo multaré!

Liev Nikoláievich señaló. No me puedo sentir más honrado de la multa, pues para mí será el premio a una verdad. Uno de los magistrados, procurando apurar la resolución del presente caso y tratando de apaciguar las cosas señaló. Le quedan 5 minutos. Liev Nikoláievich totalmente fuera de si continuó.

Jamás me enorgullecería contribuir a la absolución de un culpable. Dijo el príncipe, luego añadió. estoy confesándolo, mi patrocinado abusó sexualmente de su hija, cuando ella era menor de edad. Aunque está a punto de ser absuelto, porque la justicia aquí funciona así, quien paga más puede conseguir lo que desea.

Julio se agarraba la cabeza y el funcionario nervioso bebía agua. Liev Nikoláievich precisó. sé que yo seré sancionado por el colegio de abogados, porque jamás se ha visto que un abogado diga la verdad. Creo que ahora si será el fin del mundo. También sé que este criminal dijo mirando al funcionario. Será absuelto, a pesar de mi confesión sincera y honorable. Quiero señalar a toda la teleaudiencia dijo Liev Nikoláievich mirando las cámaras. Que todo y cada una de las cosas que dije es verdad. Solo que yo soy impopular como todas las verdades.

Saben que me causa más risa, que siendo el poder judicial como es, se pretenda seguir ensanchándolo, a pesar de su corrupción, lentitud e irracionabilidad para interpretar las leyes, ¿alguien creería que la justicia sería mejor si la administrara un privado? Creo que soy el único. Pero quiero preguntarles algo, ¿si el sector privado es tan malo como creen, por qué razón se encarga de producir nuestros alimentos siendo más esenciales que el servicio de justicia?, ¿no sería más conveniente que el estado siendo mejor, se encargue de procurarlos? La respuesta es que en nuestro país las leyes no son un límite para el poder político, sino más bien una manifestación del poder político. Por eso vivimos de esta forma. El príncipe se desmayó.

VIII. Conclusión

El príncipe fue inhabilitado por el colegio de abogados, volvió a ser internado en una clínica psiquiátrica con un estruendoso estado catatónico en el que se encontraba. No volvió a ser quien fue. El funcionario salió victorioso, pues declararon los alegatos de clausura esgrimidos por el príncipe como inválidos pues atentaba contra el derecho a la defensa del procesado. Julio recibió sus millones y no cumplió su amenaza. No le servía de nada matar a la hermana ni al sobrino del príncipe. Por varias razones, pero la principal era que había recibido los millones prometidos por el funcionario.

Quien tiempo después ganó las elecciones. El juez que lo ayudó y los demás magistrados fueron ascendidos y elegidos jueces supremos. En el fondo julio sentía cierta compasión por Liev Nikoláievich, pues sabía que gran parte del triunfo era suya, por eso abonó en el hospital psiquiátrico unos dos millones de dólares para la mejor atención del príncipe. Ya habían pasado más de seis meses y el pronóstico médico no era favorable.

Julio pensaba. Si tan solo se hubiera convencido de que esa moralidad absurda, no lo llevaría a nada. Tan solo tenía que mentir, aceptar las cosas tal y como son, comprender que nadie puede cambiar este sistema de justicia y que la corrupción y las imperfecciones que hay en el siempre serán el pan nuestro de cada día.

IX. Bibliografía

Dostoievski, F. (1869). El idiota. Editorial. Penguin Random House.

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