La teoría del caso en materia penal y algunos aportes teatrales

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teoría del caso

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Por:  Javier Ysrael Momethiano Santiago [1]

[1] Magister en Derecho Penal, y Doctorado en Derecho de la UNMSM, y Especializado en Destrezas de Litigación Oral por California Western School Of Law.

Fernando Ramos García[1]

[1] Profesor en actuación y pedagógica teatral, Docente de teatro y oratoria en la UNAC; y Profesor invitado de Litigación oral por la UNFV.

  1. Oralidad

En el sistema escritural existía la oralidad, pero se entendía como una excepción a la regla; en tal sentido el sistema oral se caracteriza por registrar tecnológicamente las actuaciones orales en el proceso penal, pues la oralidad resulta ser la regla, y es su excepción lo escriturario. El sistema de jurado anglosajón (compuesto por ciudadanos legos y dirigido por un magistrado) escabinado (compuestos por ciudadanos legos y magistrados, siendo relevantes estos últimos) y mixto (combinación de los anteriores), no se aplican en nuestro país, por tanto se exige que los discursos orales del fiscal, abogado defensor, actor civil y el tercero civilmente responsable tengan un buen nivel argumentativo y persuasivo dirigido al juzgador profesional del derecho. Esta técnica de la persuasión implica:

  1. Utilizar la palabra “porque” para explicar o argumentar el caso;
  2. Emplear la rima en las palabras, por ejemplo: “si puedes probar debes acusar”;
  3. Humanizar a la persona que se patrocina;
  4. Cooperación del juzgador para evitar que se distraiga;
  5. Utilizar los elementos de la teoría del caso;
  6. Emplear la táctica del espejo:
  7. Vestirse como los demás;
  8. Escuchar nuestro nombre y apellido, por ejemplo: Señor Juez Víctor Prado Saldarriaga;
  9. Utilizar el efecto advertencia, en caso que las personas se resistan a ser convencidas;
  10. Emplear variables de credibilidad, honestidad, trabajo, etc.;
  11. Comunicar con adecuado nivel dogmático el mensaje, sin que se aprecie el efecto bumerán, pues el receptor varía la situación y responde con actitudes cambiantes:
  12. Emplear las fuentes del derecho penal;
  13. Reconocer la tendencia doctrinal del juzgador a través de su reacción al proponer el letrado su teoría del caso;
  14. Agradecer un consejo;
  15. Emplear energía al hablar, sino se resta credibilidad;
  16. Utilizar el lenguaje no verbal, siendo sus tipos los siguientes:
  • Kinésica. Es el significado de los movimientos corporales de la cabeza, tronco, brazos, manos y piernas.
  • Proxémica. Es el estudio del espacio, específicamente la proximidad o alejamiento de los objetos o personas en el momento que interactúan. Este espacio puede ser fijo (limitado por estructuras inmóviles, como es el caso de la ubicación de los escritorios en la sala de audiencias) y semifijo (zona ubicada alrededor del cuerpo, por ejemplo: el acusado se encuentra sentado junto a su abogado defensor). En cuanto a la distancia, se aprecia mas en la sala de audiencia una distancia social (personas que no tienen amistad, como es el caso de la ubicación de la parte acusada separada de la parte acusadora) y publica (grupo de personas que miran el desarrollo del juicio oral), aunque excepcionalmente se observa una distancia intima (zona de mucha confianza entre el juez penal y su especialista al solicitar un consejo) y personal (conversación del juez penal con su especialista que generalmente culmina en un mandato). Por último, la distribución fija del espacio de la sala de audiencia no es en forma centrípeta, sino centrifuga, en razón a la colocación de los bienes muebles.
  • Oculésica. Estudia el comportamiento de la mirada hacia la derecha o izquierda, así como arriba, abajo, etc.

 

  1. Teoría del caso

La teoría del caso es la óptica que propone la parte acusadora (teoría del caso propia) o defensa (teoría del caso impropia) respecto a los sucesos ocurridos que son materia de controversia[3], puesto que permiten construir una historia clara y relevante con contenido penal al ser producto de la conjunción de la hipótesis fáctica, jurídica y probatoria, en tal sentido es un razonamiento —jurídico o extrajurídico— oral, retórico, y dialéctico como destreza de su aplicación, ya que su comunicación persuasiva debe ser una coherente historia que dramatiza y humaniza el letrado. Por eso Muñoz Neira considera que la teoría del caso “en el fondo es un proyecto de ‘vida’ del juicio para cada una de las partes”[4]. Para Mauet “la teoría del caso, antes que nada, explica por qué la gente implicada actuó del modo en que lo hizo”[5], esto no significa una visión criminológica de predisposición por la desviación, sino que se refiere al móvil de quien actúa, puesto que “nuestra teoría del caso no puede consistir en cualquier cosa que nos parezca conveniente inventar sino que depende fuertemente de las proposiciones fácticas que podemos probar en el juicio”[6]. La recalificación jurídica realizada por el juzgador penal a la acusación fiscal no implica plantear una teoría del caso, ya que éste no controla el proceso en el nuevo modelo adjetivo penal, sino las partes procesales. La complejidad de la información permite que las partes utilicen las ayudas audiovisuales para transmitir el discurso, facilitando su asimilación para el juez penal unipersonal o colegiado, aunque se debe tener presente que el abuso de los medios tecnológicos nos llevarían a renunciar a la oralidad que propulsa el nuevo modelo procesal penal de rasgos adversariales. En general la teoría del caso se construye desde el momento en que se tiene conocimiento del hecho y no necesariamente a partir de la notitia criminis. Inicialmente el método del caso se plantea —sin ningún tipo de orden— como hipótesis (borrador de la teoría del caso) sujetas a verificación durante la investigación preparatoria las cuales deben ser saneadas y fortalecidas en la etapa intermedia, para que se conviertan en teoría y se presente en el juicio oral. En lo particular las partes procesales estructuran su teoría del caso con proposiciones fácticas —una o varias— encuadradas en elementos legales que determinan el delito, sustentadas con medio probatorios, con el fin de presentar un relato lógico (entendimiento cronológico del tema), creíble (seguridad de lo que se narra), y persuasivo (convencimiento del juzgador). Esto es parecido a la estructura de una demanda civil o denuncia penal. También, existen otras estructuras de la teoría del caso:

  1. Primero el elemento jurídico, segundo lo factico y por ultimo lo probatorio;
  2. Primero el elemento factico, luego el probatorio y finalmente el jurídico:
  3. Primero el elemento probatorio, segundo lo factico y tercero lo jurídico.

Estas dos últimas, sirven para estructurar nuestros alegatos como lo analizaremos mas adelante; mientras que la primera estructura se utiliza en otros países. Para preparar la teoría del caso, debemos comenzar realizando nuestro alegato de cierre, mediante cambio de roles, lluvia de ideas, discusión y dialogo del asunto, con colegas, estudiantes y no letrados. En definitiva, si los hechos no son subsumibles dentro de la figura penal solo tendremos una simple historia, pero no un caso penal; asimismo no habrá caso penal y solo una historia delictiva, si los hechos encuadran en la figura penal, sin aporte probatorio[7].

 

  1. Funciones de la teoría del caso

La teoría del caso cumple las funciones siguientes:

  1. Identifica el tema y hechos relevantes que las partes presentarán para su defensa o acusación.
  2. Facilita el interrogatorio y contrainterrogatorio de los sujetos procesales.
  3. Establece las pruebas conducentes, pertinentes, útiles y permitidas, que indagará y solicitará la parte procesal en la sala de audiencia.
  4. Permite presentar y organizar los alegatos iniciales y finales de las partes.
  5. Adopta y desecha las estrategias de defensa

 

  1. Características de la teoría del caso

Para que tenga utilidad la teoría del caso es relevante considerar las características siguientes:

  1. Consiste en utilizar raciocinios fácticos y dogmáticos claros, que no impliquen superficialidad.
  2. Única. Debe ser presentada como un relato que no plantea teorías del caso alternativas.
  3. La teoría del caso debe fundamentarse en la norma jurídica que sea aplicable al caso materia de juzgamiento.
  4. Lógica. Significa que debe existir armonía y coherencia al inferir las consecuencias jurídicas del suceso que la soportan.
  5. Creíble. Consiste en que nuestros argumentos deben ser reales con el propósito de que se convenza al juzgador penal
  6. Suficiencia jurídica. Consiste en demostrar la concurrencia de los elementos del hecho punible aportando su respectiva prueba.
  7. Se concibe que nuestra teoría del caso debe adaptarse a cambios durante el desenvolvimiento del juzgamiento, pero sin que estos resulten extremos, puesto que se afectaría la credibilidad de esta.
  8. La estrategia elegida no debe permitir cabos sueltos en la estructura de nuestra teoría del caso, en tal sentido se debe tomar en cuenta todos los sucesos para su explicación.
  9. Verosímil. Debe respetar las reglas de la lógica, en caso contrario la teoría del caso deja de ser persuasiva.
  10. La teoría del caso debe ser coherente, con la finalidad de que la parte contraria no destruya nuestra teoría del caso con sucesos que no podemos probar.
  11. Emplea etiquetas o lemas. Consiste en que las partes procesales llamen la atención de la sala de audiencia, ya sea poniendo énfasis en la condena o absolución del procesado.
  12. Utiliza proposiciones fácticas. Significa que las partes procesales relacionan las afirmaciones fácticas con los elementos legales, sustentando nuestra versión del caso.
  13. Elementos de la teoría del caso

La presentación del caso por las partes tiene por finalidad ofrecer puntos de vista que pretenden que el tribunal lo aprecie en el juicio, valorando los elementos siguientes:

  1. Elemento fáctico o teoría fáctica. Estos elementos facticos son los sucesos relevantes que sustentan al ámbito jurídico, pues en estos se examinan circunstancias, lugares, tiempo, sujetos, medio empleado, el resultado del accionar del agente o la puesta en peligro para el bien jurídico, etc. Mientras los puntos focales son tópicos específicos e importantes que se sustentan en medios de prueba. La proposición fáctica surge al presentarse el problema de mencionar solo hechos sin teoría jurídica; o teoría jurídica sin hechos. Entonces estas proposiciones fácticas se elaborarán según las reglas de la criminalística, es decir formulando las preguntas siguientes: ¿Qué aconteció?, ¿Quién lo hizo?, ¿Por qué aconteció? , ¿Dónde aconteció? , ¿Cuándo aconteció? , ¿Cómo lo hizo? , etc. En este sentido, Sánchez Velarde indica que este elemento “permite conocer identificar los hechos y sus aspectos más relevantes de tal manera que sustente el planteamiento jurídico; comprende las circunstancias propias del caso, la participación de las personas, lugar, el tiempo, los medios utilizados, los efectos de la acción, las condiciones personales del acusado o de los testigos”[8]. También se entiende por elemento fáctico la información variada que resulta algunas veces contradictoria al iniciar la investigación preparatoria, y que las partes procesales deberán seleccionarla y relacionarla con la prueba, antes de apreciar el elemento legal. Para contar una buena historia (necesaria secuencia de escenas, trama y credibilidad) es indispensable apreciar la actuación teatral, pues indicar el conflicto (el delito que se imputa, su inexistencia o atenuación), colocar diálogos (revivir el instante de los hechos, como si estuviera produciéndose) y describir los personajes (héroe o villano) y el entorno (lugar, instrumentos, circunstancias, etc.) genera la atención del juzgador por el caso penal.

 

2. Elemento jurídico o teoría jurídica. Es la aplicación de la ley penal a los sucesos ocurridos (principio de legalidad), es decir que se analiza los elementos del hecho punible[9] para sostener que existe delito; o no hay ilícito por no intervenir el sujeto (confusión de identidad del agente, existencia de suicidio, y duda en la realización del suceso) o se plantea la exclusión del delito (ausencia de conducta, atipicidad, causa de justificación, causa de inculpabilidad y causa de exculpación), exclusión de pena (carencia de condición objetiva de punibilidad o presencia de excusa absolutoria), y disminución de la punibilidad (realizo el delito de homicidio por emoción violenta, en forma culposa o en calidad de participe). Con respecto al hecho punible o si se prefiere al delito[10], es la conducta típica, antijurídica y culpable (tripartita), que tiene como secuela una sanción adecuada a la responsabilidad del agente, sometida algunas veces a condiciones objetivas de punibilidad. Para reforzar nuestro concepto es necesario conocer cuáles son los elementos del hecho punible. Así tenemos:

  • Comportamiento humano. Consiste en que un sujeto será merecedor de una sanción por su acto realizado (forma de acción como manifestación de la conducta), así como por dejar de hacer algo (forma de omisión propia como manifestación de la conducta) o el no hacer algo que equivale a un hacer por existir un deber de garante (forma de omisión impropia como manifestación de la conducta). Solo para fines didácticos nos permitimos separar la conducta de la tipicidad.

Las causas de ausencia de acción son fuerza física irresistible, movimiento reflejo o estado de inconsciencia.

  • Tipo y tipicidad. El tipo penal es la descripción hipotética, concreta y legal de la conducta prohibida o esperada por el legislador. La descripción de la conducta en la norma penal es una exigencia del Estado de Derecho vinculada al principio de legalidad. De acuerdo al principio de mínima intervención solo se toma en cuenta aquellos comportamientos lesivos o que ponen en peligro los bienes jurídicos mas importantes. Por esta razón es que se amenaza con una pena o medida de seguridad a los que infrinjan el precepto legal. En tal sentido, el tipo valora el comportamiento desde la conminación abstracta de la pena, independientemente del sujeto concreto y su actuación. Al ser la necesidad abstracta de la pena, preventivo general (interpretación teleológica y literal) se tiene su finalidad político criminal, junto con el principio de culpabilidad (teoría ulterior al tipo objetivo), pero siendo la prevención especial distante al entendimiento del tipo, pues aquí se aprecia al agente en concreto. La adecuación de un hecho al tipo penal se llama tipicidad. La estructura u organización de la tipicidad, se atiene a dos aspectos:
  • El aspecto objetivo, está referido al obrar del agente en el mundo exterior; y este comprende a los sujetos, el comportamiento prohibido, el objeto material, los elementos descriptivos y normativos, la relación de causalidad (imputación objetiva), y el bien jurídico tutelado,
  • El aspecto subjetivo, está referido a la postura psicológica del autor de la comisión de un evento criminoso. En este aspecto se examina al dolo o culpa en sus distintas revelaciones; existiendo también los elementos subjetivos del tipo diverso al dolo.

Las causas de atipicidad son el acuerdo y el error de tipo.

 

  • Antijuridicidad e injusto. La antijuridicidad es la realización de una acción típica contra el ordenamiento jurídico. Dentro de este concepto es necesario tener en cuenta que la acción efectuada por el sujeto no deberá de justificarse. Se entiende por antijuridicidad el comportamiento opuesto al ordenamiento jurídico, mientras que por injusto penal la acción típica y antijurídica. En tal sentido, MUÑOZ CONDE nos dice que “la antijuridicidad es un predicado de la acción, el atributo con el que se califica una acción para denotar que es contraria al ordenamiento jurídico. El o lo injusto es un sustantivo que se emplea para denominar la acción misma calificada ya como antijurídica; lo injusto es, por lo tanto, la conducta antijurídica misma” [11] . Cabe aclarar que el injusto no solo comprende al campo penal sino también al civil.

Las causas de justificación son: legítima defensa (núm. 3), estado de necesidad justificante (núm.4), obrar por disposición de la ley, en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo (núm. 8), obediencia jerárquica (núm. 9), y consentimiento (núm. 10) preceptuados en el artículo 20 del Código penal.

 

  • Culpabilidad y necesidad preventiva. La culpabilidad es uno de los elementos esenciales del delito. No basta pues que la acción sea típicamente antijurídica para agotar la teoría del delito, sino que ésta ha de ser responsable, y en ciertos casos, resulta necesario las condiciones objetivas de punibilidad. La naturaleza jurídica de la culpabilidad es explicada dentro de la polémica por tres principales corrientes doctrinarias:

 

  • Concepción psicológica. La concepción psicológica tiene como principales sostenedores a Sebastián Soler, Nelson Hungría, Fontan Balestra y otros; su fundamentación se basa en la relación subjetiva que existe entre la voluntad del autor y el acto ejecutado por él. Para Nelson Hungría no es posible la imputatio juris de un resultado criminoso sino que hay relación psíquica que lo vincule al agente. Para que se considere punible un hecho no basta la existencia del vínculo causal objetivo entre la acción u omisión y el resultado, ni su encuadramiento formal en un artículo de la ley penal, sino que es necesaria la culpabilidad. Sensu lato del agente, esto es, que haya habido una voluntad de actuar, libre y conscientemente, con el fin de obtener un resultado antijurídico, que a pesar de haberse representado la posibilidad de que esto ocurriese, o por lo menos, que revele no obstante la previsión del resultado, una inexcusable inadvertencia o imprudencia. Para esta teoría, imputabilidad e ilicitud son los presupuestos de la culpabilidad; la primera es el presupuesto subjetivo y la segunda el presupuesto objetivo.

 

  • Concepción normativa. La concepción normativa sostenida por Reinhart y Frank tiene como sus principales seguidores en Freudenthal y Goldschmidt, siendo su más grande representante Edmundo Mezger. Esta tendencia hace depender la culpabilidad de la desvaloración de la actitud espiritual del autor, con respecto a la conducta que el realiza, considerada en su totalidad. El simple hecho psicológico no agota la culpabilidad porque sobre ella debe caer una valoración normativa de quien juzga. La culpabilidad es considerada en el juicio del reproche por el juzgador ya que interpreta la responsabilidad penal, pues solo es culpable aquél a quien se le puede exigir cierto comportamiento.

 

  • Concepción finalista. La concepción finalista tiene su mas alto representante en Hans Welzel, y tiene entre sus seguidores a Maurach y Niese. Para esta escuela la esencia del concepto de culpabilidad consiste en la posibilidad de hacer al autor el juicio de valor por haber obrado contra el derecho habiendo podido hacerlo conforme a él. Romero Soto entiende que la culpabilidad se compone de tres elementos: La imputabilidad, la posibilidad del conocimiento de lo injusto, y la exigibilidad de una conducta adecuada a la norma; estos tres elementos constituyen apreciaciones que están fuera de la cabeza del agente, por lo general en la del juez, lo cual libra al concepto de culpabilidad de todo psicologismo, esto es de toda posibilidad de autovaloración por parte del agente.

 

  • Concepción funcionalista. Tomando como base el estructural funcionalismo sociológico norteamericano teniendo como principales exponentes a Talcot Parsons, Robert Merton y Niklas Luhmann, es que se desarrolla el Nuevo funcionalismo alemán teniendo como principal exponente a Günther Jakobs quien defiende su teoría de la prevención general positiva y la necesidad de vigencia segura de la norma. Es en la concepción funcionalista donde la culpabilidad tiene el deber de establecer si el agente es un sujeto capaz para esta demostración o si el sujeto puede ser alejado de la antijuridicidad de su accionar sin necesidad que la generalidad discuta sobre la validez de la norma que se infringió. Partiendo de esta teoría sociológica sistémica, Jakobs define la culpabilidad como “asunción de una defección en relación a la motivación dominante respecto de un comportamiento antijurídico y esta asunción se da cuando falta la disposición de motivarse por la norma correspondiente, y este fallo no puede hacerse comprensible de modo que no afecta la confianza general en la norma; la culpabilidad por ello concreta infidelidad al Derecho, conciencia y fin es la finalidad del sistema”[12]. Es así que la culpabilidad tiene como base las necesidades sociales de una imputación externa de responsabilidad (la cual depende de las presiones sociales que desee imponer la sociedad o por el contrario que esté dispuesta a aceptar), no siendo por tanto un mero reproche ético individual sujeto a una capacidad personal del agente. En tal sentido mediante el funcionalismo extremo lo que se busca a fin de cuentas es que la sociedad y el Derecho Penal aspiren a proteger nuestro sistema social mediante la estabilidad de la norma. A diferencia del funcionalismo mesurado de Roxin que propone la vinculación de la dogmática jurídico – penal con la finalidad político criminal, logrando así incluir las consecuencias externas al sistema del derecho penal.

 

En cuanto a los presupuestos de la culpabilidad estos elementos son:

  • Capacidad de culpabilidad. La culpabilidad, se basa en que el autor de la infracción penal tenga las facultades psíquicas y físicas mínimas requeridas para ser motivado en sus actos por los mandatos normativos. El conjunto de estas facultades mínimas requeridas se le llama imputabilidad, y actualmente se le denomina capacidad de culpabilidad. Quien carezca de esa capacidad sea por no tener la madurez suficiente, por sufrir de graves alteraciones psíquicas, no podrá ser declarado culpable, empero tampoco responsabilizado penalmente de sus actos, por mas que sean típicos y antijurídicos dichos actos. La imputabilidad está referida al momento de la comisión del hecho. En caso contrario existe la denominada “actio libera in causa” que constituye una excepción a él, y por el cual se considera imputable al sujeto que al tiempo de cometer los actos típicos y antijurídicos no lo era, pero si resultó imputable al momento en que ideo cometerlos o puso en marcha el proceso causal que desembocó en la acción típica. Como ejemplos clásicos tenemos: el que se embriaga a sabiendas que bajo ese estado se torna agresivo y ataca a las personas, o el que se embriaga y droga para cometer un robo.

 

  • Conocimiento de la antijuricidad del hecho cometido. La norma penal solo puede motivar a la persona en la medida en que este pueda conocer, a grandes rasgos, el contenido de sus prohibiciones. El conocimiento de la antijuricidad no debe estar referido al contenido exacto del precepto legal infringido o a la penalidad concreta del hecho; bastará solo con que el autor tenga motivos suficientes para saber que el hecho esta jurídicamente prohibido y resulta contrario a las normas elementales de convivencia. A fin resolver el asunto del conocimiento de la antijuricidad hay que recurrir al concepto de la función motivadora de la norma penal, que es aquella función de comunicación y participación que culmina el proceso de socialización del individuo. Solo en la medida en que se dé la internalización de los mandatos normativos y el proceso de socialización no se encuentre alterado (analfabetismo, sub cultura, etc.) podrá plantearse el tema de la antijuricidad. En una sociedad en la que coexisten distintos sistemas de valores, habrá que admitir que algunos individuos que aun pudiendo conocer la ilicitud de su hacer, no se planteen este problema cuando ese hacer es normal dentro del grupo social al cual pertenecen.
  • Exigibilidad de un comportamiento distinto. Normalmente el Derecho exige la realización de comportamientos más o menos incómodos o difíciles, pero no imposibles ni heroicos; toda norma jurídica tiene un ámbito de exigencia, fuera del cual no puede exigirse responsabilidad alguna. Entonces, lo que determina el actuar del sujeto de una u otra forma es la situación anormal que se presenta, mas no la valoración que se hace sobre el sujeto, puesto que su enfoque ya fue visto en la capacidad de culpabilidad. La exigibilidad del comportamiento implica un juicio ex ante al momento del suceso realizado por el sujeto, apreciándose las circunstancias que motivaron su conducta y confrontándola con el comportamiento social del ciudadano medio ante tal situación.

 

Las causas de inculpabilidad son la inimputabilidad, minoría de edad o error de prohibición. También habrá exculpación para el sujeto si obró bajo estado de necesidad exculpante o miedo insuperable.

 

  1. Elemento probatorio o teoría probatoria. Son las pruebas que se presentan para determinar el aspecto factico y jurídico, con la finalidad de apreciar las fortalezas y debilidades de nuestra teoría del caso, por tanto la prueba idónea es el elemento que permite formular acusación por el fiscal o establecer que el imputado no se encuentra comprometido en los hechos cuando se trata del abogado defensor. Estos medios probatorios (prueba testimonial, documental, pericial, etc.) resultan satisfechos si se relacionan con cada afirmación fáctica demostrada, por tanto cada sujeto procesal busca el mejor medio de prueba (evidencia personal, documental, real, directa o circunstancial) que sustente su proposición fáctica. El abogado defensor no solo se limita a estructurar sus fundamentos racionales, puesto que también optará por negar los cargos que se le imputan a su cliente (ejemplo: acusación basada en un solo indicio) o proponer un hecho alternativo  (ejemplo: el actuar del agente no es el de homicidio sino de legítima defensa). En este último caso “le corresponde al procesado probar su exculpación, defensa afirmativa admitida por la praxis judicial y el modelo procesal penal adversativo regulado”[13]

 

BIBLIOGRAFÍA

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BIN, Sun. El arte de la guerra II. Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Lima 2010.

GANDHI, Mahatma. El arte de la no Violencia, s.e., Buenos Aires, s.a., acceso el 30 de abril de 2017, http:// www.infotematica.com.ar

HASSEMER Winfried. Fundamentos del Derecho Penal. Bosch Casa Editorial S.A., Barcelona, 1984.

JAKOBS, Günther. Strafrecht Allgemeiner teil; Die Grundlagen und die Zure chnungslehre 2ª ed.; Walter de Gruyter, Berlin – New York, 1991.

MAUET, Thomas A. Estudios de técnicas de litigación. Trad. Karen Ventura Saavedra, Jurista Editores, Lima, 2007.

MOMETHIANO SANTIAGO, Javier Ysrael. Legítima defensa como ratificación y no represión del derecho penal material y formal; en El penalista de la América Austral. Ofrenda académica al profesor Eugenio Raúl Zaffaroni, Pangea, Arequipa 2010.

MUÑOZ CONDE, Francisco y GARCÍA ARÁN, Mercedes. Derecho Penal. Parte General. Tirant lo Blanch, Valencia, 1996.

MUÑOZ NEIRA, Orlando. Sistema penal acusatorio de Estados Unidos, Legis editores S. A., Bogotá, 2006.

ROY FREYRE, Luis Eduardo. Derecho Penal. Parte especial, Tomo I, Segunda edición, AFA Editores importadores S. A., Lima, 1986.

SANCHEZ VELARDE, Pablo. El nuevo proceso penal, Idemsa, Lima, 2009.

 

 

 

[1] Magister en Derecho Penal, y Doctorado en Derecho de la UNMSM, y Especializado en Destrezas de Litigación Oral por California Western School Of Law.

 

[2] Profesor en actuación y pedagógica teatral, Docente de teatro y oratoria en la UNAC; y Profesor invitado de Litigación oral por la UNFV.

 

[3]  Pues, “la regla general áurea de la conducta es la tolerancia mutua, en razón de que nunca pensaremos todos de la misma manera y siempre veremos la verdad fragmentaria y desde distintas perspectivas”, según indica GANDHI, Mahatma. El arte de la no violencia, p. 3

[4]  MUÑOZ NEIRA, Orlando. Sistema penal acusatorio de Estados Unidos, p. 167.

[5]  MAUET, Thomas A. Estudios de técnica de litigación, p. 61

[6]  BAYTELMAN, Andrés y DUCE, Mauricio. Litigación penal juicio oral y prueba, p. 102

[7] Sin embargo, los letrados que combaten “erróneamente o sin método obtendrán pequeñas victorias por guerra de agotamiento”, según BIN, Sun. El arte de la guerra II, p. 68.

[8]  SANCHEZ VELARDE, Pablo. El nuevo proceso penal, p. 196

[9]  Vid. ROY FREYRE, Luis Eduardo. Derecho Penal. Parte especial, Tomo I, 511.

[10] Vid. HASSEMER Winfried. Fundamentos del Derecho Penal, p. 253 – 256

[11] MUÑOZ CONDE, Francisco y GARCÍA ARÁN, Mercedes. Derecho Penal. Parte General, p. 276

[12] JAKOBS, Günther. Strafrecht Allgemeiner teil; Die Grundlagen und die Zure chnungslehre  2ª ed.; Walter  de Gruyter, Berlin – New York, p. 476

[13]  MOMETHIANO SANTIAGO, Javier Ysrael. Legítima defensa como ratificación y no represión del derecho penal material y formal; en El penalista de la América Austral. Ofrenda académica al profesor Eugenio Raúl Zaffaroni, p. 142