¿Por qué no desmonopolizar el Poder Judicial?

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Por: Diego Fernando Morón Vivas [1]
Abogado por la Universidad Privada Alas Peruanas. Magister en Gobierno y Gestión Pública, por la Universidad Privada San Martín de Porres.

Ludwig era un abogado que había sido formado para mantener y conservar el statu quo del sistema jurídico, desde joven sus maestros de la facultad de derecho lo habían instruido bajo el pensamiento de que el estado era el único que poseía el monopolio de la coacción.

En aquel entonces creía tozudamente que no existía ni podía existir ninguna autoridad que compita con el estado por esa facultad exclusiva de ejercer coacción. Era inimaginable para él un sistema de justicia privatizado.

Él siempre recordaba que, en todos sus años como estudiante de derecho, jamás tuvo algún profesor que le hablara de las bondades del derecho natural, de los sistemas jurídicos primitivos en donde no existía ningún estado o al menos de Carlos Cossío quien sostenía que el derecho era conducta humana y como tal se desarrollaba como consecuencia y en virtud de ella. 

Por el contrario, siempre tuvo profesores que lo educaron bajo los criterios del positivismo jurídico, de los sistemas jurídicos antiguos como los de Creta, Lacedemonia, Egipto, Persia y Grecia, los cuales siempre tuvieron a la cabeza a un legislador. Por sobre todo recordaba mucho a un profesor que admiraba fervientemente a Platón, a quien la adjudicaba el epíteto de filósofo rey.

Aquel profesor, siempre le recordaba que Platón había contribuido muchísimo con el sistema jurídico en su obra Las Leyes. Decía acerca de los detractores de Platón que no comprendían la grandeza de su pensamiento, el cual tenía por objeto la virtud y el bienestar general.

Recordaba también a otro profesor que admiraba mucho a Montesquieu, por su pensamiento sobre la redistribución de la riqueza y el empleo de las leyes para este fin tan filantrópico como siempre sostuvo este profesor. A veces también rememoraba los debates que mantuvo este docente admirador de aquel precursor de la revolución francesa, acerca de la teoría del equilibrio de poderes, el maestro naturalmente creía que Montesquieu era el fundador de esta teoría.

Sin embargo, tenía opositores como el primer profesor quienes pensaban que era Platón el pionero de esta teoría, estos opositores sostenían esta posición amparándose en argumentos de grandes estudiosos de la doctrina de este filósofo. También había opositores que decían que la mencionada teoría era obra de Aristóteles, quien ya lo había pensado y que la evidencia estaba en su obra La Política. Otros también desafiaban la posición del segundo profesor citando el pensamiento de John Locke acerca del punto en cuestión en su obra El gobierno civil.

Ludwig no podía dejar de evocar al peculiar profesor que le enseñó filosofía del derecho; utilizando siempre el pensamiento de Hegel, aquel educador le decía regularmente que el autor de La Fenomenología del Espíritu, era un gran estadista porque siempre pensó en las generaciones, también lo recordaba porque siempre citaba una icónica frase de aquel pensador que decía: “El Estado es la Divina Idea tal como existe sobre la tierra…Por consiguiente, debemos adorar al Estado en su carácter de manifestación de la Divinidad sobre la tierra…El Estado es la marcha de Dios a través del mundo…” 

Era claro que para este profesor hegeliano el estado era todo y el individuo nada. Bajo esas ideas fue formado Ludwig, quien por lógicas razones estaba convencido de que, si había que resolver algún problema social, el estado siempre debía intervenir para hacerlo.

Con el tiempo, Ludwig se hizo abogado litigante y la realidad que enfrentaba a diario empezó a generar que se cuestione acerca de las posibles soluciones para mejorar el sistema de justicia. Entonces comenzó a pensar si era realmente cierto que todos los problemas de esta índole debía resolverlos el Poder Judicial.

El problema más grande que advirtió era que el Poder Judicial era la única institución que gozaba de poder coercitivo, por lo tanto, la única que podía administrar justicia. A veces incluso se cuestionaba si era necesario ser abogado para administrarla. También se preguntaba si no solo era necesario tener sentido común para resolver conflictos de interés y garantizar la paz social.

A veces comentaba con algunos amigos, casi entre risas que el Poder Judicial no era el único que tenía esa facultad para administrar justicia, pues sus padres también ejercían esa facultad contra sus hermanos cuando se portaban mal, entonces agregaba que la justicia también podía ser privada.

Ya para ese entonces Ludwig había leído algunos libros acerca de la privatización de la justicia, además otros tantos sobre el liberalismo económico los cuales le permitían utilizar en muchas de sus ideas esbozadas en cafés con amigos, algunas instituciones del mercado para resolver diversos problemas de índole social.

Pensaba que el Poder Judicial siempre estaba sobrecargado de trabajo precisamente porque era un monopolio. También creía que la justicia era lenta por culpa de esa exclusividad y por si fuera poco acusaba de corruptos a los jueces porque no había otras instituciones que compitan con ellos. Todos los problemas que experimentaba el sistema de justicia Ludwig los atribuía a ese monopolio legal.

Sus amigos le decían que esas ideas que tenía acerca de generarle competencia al Poder Judicial tendrían muchas barreras políticas, le decían que eran justamente los mismos grupos de interés que habían originado la aparición y el crecimiento del estado quienes se opondrían a cambios tan sustanciales.

Entre estos grupos de interés que exponían, estaban los abogados, quienes aseguraban tenían un ferviente interés en mantener ese monopolio que les procuraba debido a la ausencia de celeridad procesal mayores ingresos. Decían que otro grupo de interés que se opondría sería el de los jueces, muchos de los cuales ya tenían sus vidas aseguradas al ocupar esos cargos tan lucrativos; era evidente que una de las razones de esos sueldos tan exacerbados era esa maldita exclusividad que tenían para decidir sobre el destino de las personas.

Era indispensable mencionar también como opositores, a los académicos conservadores del derecho, cuyo grupo de interés sería una férrea resistencia, debido a que su prestigio dependía de ese testarudo enfrentamiento contra el cambio, pues muchos de ellos habían logrado un nombre en el derecho, por su fidelidad al statu quo del sistema de justicia, recibiendo así recompensas políticas como cargos importantes con sueldos onerosos dentro del aparato estatal.

Ludwig tenía un espíritu rebelde, tenía una predisposición natural para siempre estar al margen de los convencionalismos y además era pragmático. Muchos de sus colegas creían que debido a las ideas que tenía sobre la desmonopolización del Poder Judicial y la aplicación de las instituciones del mercado al problema del sistema de justicia era improbable que pueda llegar a trabajar en algún tribunal de justicia.

Había incluso quienes pensaban que Ludwig debido a esa personalidad inquieta, reflexiva, cuestionadora y espontánea ni siquiera podía llegar a trabajar en el estado, entonces le decían que debía trabajar en empresas privadas. Con el tiempo y debido al pragmatismo que Ludwig poseía, contra todo pronóstico ingresó a trabajar en el estado.

Ingresó como abogado y responsable de una defensoría de los derechos de los niños y adolescentes o también conocida por sus siglas DNA de una municipalidad distrital. El trabajo se lo debía al favor que un amigo y colega suyo le hizo, quien lo tenía en buena estima a pesar de tener ideas completamente disímiles acerca del funcionamiento del sistema de justicia.

Este amigo se llamaba Friedrich y era un abogado muy admirador de Rousseau y su doctrina acerca del contrato social que hacía recaer en la voluntad general el poder conferido a la autoridad. Friedrich creía que como buen demócrata debía abrazar las ideas de este teórico del estado. Aunque Ludwig siempre que tenía la oportunidad le recordaba primero que si acaso ese contrato social hubiese existido ya no tenía validez, debido a que no existía indicio o evidencia que acredite que las posteriores generaciones lo hayan ratificado.

Además, Ludwig le recordaba siempre a Friedrich que a pesar de que Rousseau era una suprema autoridad para los demócratas nadie había admitido tan completamente como él, la idea de la absoluta pasividad del género humano en presencia del legislador, es decir del estado. Entonces le decía, que un componente fundamental de la democracia era la libertad, algo que Rousseau en realidad no respetaba, pues quería controlar la vida de las personas utilizando el aparato estatal.

Como dije, a pesar de que Ludwig desbarataba el pensamiento de Rousseau y este era un ícono de la humanidad para Friedrich, él lo respeta y lo admiraba, quizá porque no había conocido a alguien que pudiera replantearle las cosas tan plenamente aceptadas, como que Rousseau era un demócrata a pesar de no serlo.

Ludwig ahora se había convertido en un burócrata, sin embargo, cuando sus amigos y colegas se lo recordaban él siempre decía que era un burócrata diferente, pues él sí era empático algo realmente extraño en los funcionarios o servidores públicos, además decía que él no vivía de espaldas a la realidad como la mayoría de estos trabajadores del estado, y también que él a diferencia de los demás sí pensaba en realizar cambios sustanciales desde su posición.

Ludwig trabajaba con una psicóloga llamada Emma, quien era sumamente cristiana y le gustaba mucho la doctrina de Immanuel Kant acerca del imperativo categórico y del deber moral. Ella siempre que se presentaban situaciones relativas a las funciones o problemas que debía resolver la DNA le consultaba a Ludwig, quedando siempre satisfecha con las respuestas creativas o ingeniosas que muchas veces le daba el abogado.

Un día se presentó un caso que involucraba a una madre y a su hija de siete años que eran violentadas física y psicológicamente por el padre que tenía problemas con la bebida y que además no cumplía con subvencionar económicamente los alimentos de la niña. “Ludwig, la madre y la niña se encuentran aquí, no quieren regresar a su casa porque allí se encuentra el padre quien está ebrio y temen ser agredidas, me he comunicado con la policía y dicen que la madre debe solicitar unas medidas de protección y presentar una demanda de alimentos ante el Poder Judicial.” Dijo Emma.

“¿Ludwig qué podemos hacer?, yo sé que el Poder Judicial no dictará esas medidas de protección ni mucho menos concederá una pensión de alimentos de forma inmediata, la práctica demuestra que siempre se tarda más de lo habitual.” Agregó la psicóloga. “De acuerdo con la ley 1297 entre nuestras funciones están dictar medidas de protección,” Señaló Ludwig mientras pensaba reflexivamente. “Quizá interpretando esa norma que nos da esa facultad, podamos dictar unas medidas de protección de acuerdo con la naturaleza y las necesidades de este caso, y así poder ayudar a esta madre y a su hija.” Indicó Ludwig.

“¿Qué quieres decir Ludwig?” Preguntó la Psicóloga. “Que no necesitamos esperar al Poder Judicial para hacer justicia,” Contestó Ludwig. “Nosotros podemos en base a una interpretación de la ley a la luz del interés superior del niño, disponer que cesen todos los actos de violencia cometidos por el agresor, además que se retire del domicilio de las víctimas e incluso hacer que pague una pensión de alimentos a favor de la niña.” Señaló Ludwig. “Esto realmente es nuevo, ningún abogado de esta DNA había propuesto algo así, tengo muchos años trabajando en esto y realmente nunca lo había escuchado.”

“¿No tendremos ningún problema?” Cuestionó con preocupación la psicóloga. “Si los tenemos, en mi calidad de representante de esta DNA me defenderé utilizando el principio del interés superior del niño, además aquel precepto constitucional que establece que el estado debe proteger a la madre y a los niños en situación de abandono, entre otras normas que favorezcan la defensa de mi postura. Yo asumo toda la responsabilidad en el supuesto de una eventual sanción.” Indicó Ludwig con suma contundencia.

La madre y la niña se habían quedado dormidas en el sofá de la sala contigua a la oficina de Ludwig, cuando hizo su aparición Friedrich quien las observó algo sorprendido. Aquella tarde, había decidido pasar a visitar a su colega y amigo, la psicóloga que lo conocía lo saludó afectuosamente y Ludwig le extendió la mano con amabilidad. Friedrich preguntó. “¿Por qué tienen esas caras?,” La psicóloga contestó. “Tenemos un problema. Sucede que esa madre y niña que están ahí,” Dijo indicando con la mano derecha el lugar donde se encontraban la madre y su hija. “Temen regresar a su casa, debido a que el padre es un agresor y encima no cumple con la subvención económica de los alimentos de su hija.”

“Ese caso no les compete,” Dijo Friedrich con indolencia. “Que la madre se comunique con un abogado de oficio para que la ayude a ingresar un escrito de solicitud de medidas de protección y una demanda de alimentos.” Añadió Friedrich. “Pero nosotros podemos dictar unas medidas de protección que dispongan el cese de todos los actos de violencia cometidos por el agresor, además que se retire del domicilio de la madre y la niña, y también una orden para que el agresor pague por los alimentos de su hija.” Dijo Emma con cierta ingenuidad. “¡Es una locura!,” Exclamó Friedrich. “¿Quieren que los denuncien penalmente y les abran un procedimiento disciplinario que los inhabilite de por vida?” Cuestionó Friedrich.

“Escúchame Friedrich,” Dijo Ludwig. “Lo que estamos haciendo no es ilegal, por el contrario, es incluso justificable jurídicamente, ¿Por qué siempre debemos depender del Poder Judicial si nosotros realizando una adecuada interpretación de la ley podemos disponer que cesen todos los actos de violencia perpetrados por el agresor, que se retire del domicilio de las agraviadas y además que pague una pensión de alimentos a favor de su hija?” Interrogó con suma seguridad y contundencia Ludwig.

“¡Es imposible!,” Exclamó Friedrich. “Debo recordarte que de acuerdo con la ley 1297 se indica que entre las medidas de protección que se pueden dictar están las siguientes:

a) Apoyo a la familia para fortalecer competencias de cuidado y crianza.

b) Acceso a servicios de educación y salud para niñas, niños y adolescentes.

c) Acceso a servicios de atención especializada.

d) Apoyo psicológico a favor de la niña, niño o adolescente y su familia.

e) Acceso a servicios para prevenir y abordar situaciones de violencia.

f) Acceso a servicios de cuidado.

g) Acceso a servicios de formación técnico productivo para la o el adolescente y su familia.

h) Inclusión a programas sociales.

i) Otras que fueran necesarias”

“¿Dime en qué parte dice que se pueden dictar esas medidas de protección que tú propones?” Dijo Friedrich con molestia. “Es fácil, solo debemos interpretar el literal “i” que señala otras que fueran necesarias. Te pregunto ahora yo, ¿acaso nosotros no tenemos como piedra angular de nuestro servicio el principio del interés superior del niño?” Cuestionó Ludwig. “Eres un egoísta, solo piensas en ti,” Dijo Friedrich. “Deberías pensar en Emma, su carrera puede verse arruinada por tus actos, seguramente estás con esas locas ideas de generarle competencia al Poder Judicial, realmente no te entiendo, podrías vivir tranquilo, cumpliendo las funciones que todos los abogados que pasaron por esta DNA hicieron, no es necesario salirse del margen.” Indicó Friedrich con amargura.

“Por último, si no quieres derivar este caso al Poder Judicial, mándalo a la Prefectura para que ellos les concedan unas garantías personales a la madre y a la niña en contra del agresor por este caso de violencia. Además, te recuerdo que este ya no sería un caso de riesgo de desprotección familiar que tu DNA se debe encargar de abordar, se trata de uno de desprotección familiar por lo tanto deberías derivarlo también a la Unidad de Protección Especial.” Sentenció Friedrich. “También podríamos comunicarle a la Fiscalía para que investigue y denuncie al padre.” Agregó Emma como aceptando la postura de Friedrich.

“Los dos están equivocados,” Señaló Ludwig. “A ti debo decirte Friedrich que egoísmo es lo que todos esos abogados que mencionas y que pasaron por esta DNA tuvieron al negarse a ser empáticos y al cumplir sus funciones como autómatas sin reflexión, enajenados completamente de la realidad, esperando sus sueldos sin despeinarse, sin aprovechar la posición de la cual gozaron, ser abogado y jefe de una DNA. Y con respecto a mis ideas, sí es verdad el trasfondo de esto tiene que ver con que yo deseo que el Poder Judicial deje de ser un monopolio y tenga la exclusividad de disponer sobre la vida de las personas a través de sus fallos judiciales.”

“Me cansé de eso, no me gustan que los procesos demoren meses o años, que nunca se cumplan los plazos, que los jueces gocen de sueldos exacerbados cumpliendo una función para la que solo es necesario el sentido común, ¿acaso necesito haber estudiado leyes para saber lo que es justo o no?,” Preguntó Ludwig mientras Friedrich y Emma lo miraban sorprendidos. “¡La respuesta es que no, solo se necesita sentido común, porque sí, el sentido común es una fuente del derecho y por qué no, la más importante! Es justamente ese sentido común, lo que les faltó a esos abogados que mencionaste y que pasaron por este mismo cargo que tengo yo ahora, al tener este tipo de casos frente a sus ojos.” Precisó Ludwig.

“Valoro mucho, que la Prefectura haya dado un paso hacia adelante para ahora poder dictar esas garantías personales, también valoro a las demás instituciones como la Unidad de Protección Especial que mencionaste hace un momento, porque tiene incluso la capacidad de decidir sobre la tenencia de los niños y adolescentes, entre otras instituciones civiles o administrativas, formales o informales que administran justicia.”

“No puedo dejar de mencionar que también valoro a los centros de conciliación y de arbitraje porque sus decisiones tienen el valor de una sentencia, ¿pero sabes qué Friedrich?” Preguntó Ludwig mientras Friedrich y Emma lo miraban con asombro e impaciencia. “Seguimos teniendo un problema muy grande,” Dijo Ludwig reflexionando con profundidad. “El Poder Judicial aún sigue teniendo la última palabra.” Sentenció Ludwig. “¿Explícate?” Dijo Friedrich con interés, pues sabía que a pesar de que no compartía las mismas ideas que Ludwig, siempre podía aprender algo de él.

“¿Acaso si cualquiera de esas instituciones que mencioné toma una decisión o celebra una conciliación, no podemos acudir al Poder Judicial para que la revise, la anule o disponga sobre su ejecución?” Preguntó Ludwig. “Es cierto,” Dijo Emma. “Siempre que alguna madre acude para decirnos que el padre no cumple con el pago de los alimentos de alguno de sus hijos a pesar de existir un acuerdo conciliatorio, las mandamos al Poder Judicial para que ejecute la conciliación.” Añadió Emma.

“Hay que reconocer que cualquier institución formal o informal que administre justicia en materia penal, civil, administrativa o en cualquier otra materia se encuentra sometida a lo que posteriormente pueda disponer el Poder Judicial que siempre funge de última instancia.” Precisó Friedrich como empezando a entender el pensamiento de Ludwig. “Ese problema también podemos arreglarlo desde aquí.” Indicó Ludwig. “¿A qué te refieres?” Preguntó Friedrich.

“Hace poco Emma y yo tuvimos una reunión con diversas autoridades, sobre temas que involucran cuestiones sobre los derechos fundamentales y derechos humanos de las mujeres.” Indicó Ludwig como tratando de recordar. “Es cierto, me parece que el Ministerio de la Mujer propuso que todas las autoridades se comprometan con la difusión de los servicios que prestan los Centros Emergencia Mujer frente a los casos de violencia contra la mujer.”  Apuntó Emma.

“¿Qué tiene que ver todo eso, con lo que tratas de decir?” Preguntó Friedrich. “Tiene mucho que ver, fíjate, existe una ley que regula la forma y modo de cómo llevar esas reuniones que valga decirlo tienen como finalidad resolver los problemas sociales que aquejan al distrito de esta municipalidad, como la violencia de género, la inseguridad ciudadana e incluso la pobreza, entre otros.” Indicó Ludwig. “Sin embargo, hay un vacío legal.” Añadió Ludwig. “¿Cuál es?” Interrogo Friedrich. “Lamentablemente los acuerdos que se adoptan no tienen fuerza de ley, ese es el gran problema, de tal manera que aquellos acuerdos terminan siendo un saludo a la bandera, nadie se esfuerza por respetarlos y además no son exigibles ante ninguna autoridad.”

“Entonces no hay seguridad jurídica,” Agregó Ludwig. “Arreglemos eso y entonces mediante esos acuerdos que tendrían fuerza de ley, quitémosles la última palabra a esos jueces del Poder Judicial.” “¿Hasta dónde quieres llegar?” Cuestionó Friedrich. “Por el momento y de acuerdo con mi posición, lo único que me interesa es defender los derechos de los niños y adolescentes. Y para empezar dictemos esas medidas de protección que hace que te rasgues las vestiduras.” Indicó Ludwig.

“¿Y luego?” Preguntó Friedrich. “Propondremos en esas reuniones o mesas de trabajo que las actas de conciliación extrajudiciales sobre la tenencia, régimen de visitas y alimentos de los niños y adolescentes se puedan ejecutar aquí, sin necesidad de acudir al Poder Judicial.” Señaló Ludwig.

“Yo deseo conservar mi trabajo, pero sé que Dios ve todas nuestras acciones, así que decido apoyarte Ludwig, pues como diría Immanuel Kant debemos obrar como si nuestras acciones se fueran a convertir en máximas y yo deseo algún día vivir en un mundo mejor, en donde ninguno de esos padres agresores o deudores de alimentos se aproveche de la lentitud del Poder Judicial, por eso si es necesario combatir este mal con tus ideas hagámoslo.” Señaló Emma de forma contundente.

“No estoy de acuerdo Ludwig,” Indicó Friedrich. “Te expones demasiado, pudiendo continuar el mismo criterio de tus antecesores.” Dijo Friedrich mientras movía la cabeza de un lado a otro con frustración. “Haremos historia amigo mío, desde hoy habrá un precedente administrativo que no solo será útil para la sociedad, además les marcaremos el camino a otras instituciones de carácter administrativo para que se animen a administrar justicia.” Precisó Ludwig.

“Déjame recordarte Friedrich alguno de los pensamientos de Alfredo Bullard quien decía:”

Cuando la realidad social se encuentra desfasada en relación con el Derecho solemos culpar a la ley. ¡Hay que cambiar la ley! Se dice. Y entonces comienza a moverse todo el aparato legislativo para hacer cambios, discutirlos y consolidar finalmente una reforma legislativa que tendrá como resultado una nueva ley.

Pero al poco tiempo la nueva ley es acusada del mismo delito. Se le imputa estar desfasada de la realidad y entonces el proceso de reforma legislativa comienza de nuevo. El resultado de todo esto es: leyes que duran poco, confusión entre los abogados y demás operadores del sistema jurídico, pero por, sobre todo, falta de confianza de la población en el sistema como un todo.

Sin duda, las malas leyes son causa de muchos problemas, y reflejan muchas veces el desfase realidad – Derecho. Pero gran parte de la responsabilidad recae también en la aplicación de la ley. Quizá sea preferible una mala ley bien aplicada que una excelente ley mal aplicada.

“Lo que te quiero decir Friedrich es que muchas veces una mala aplicación de esta ley que establece nuestras funciones es peor que la misma ley mal elaborada,” Señaló Ludwig. “Nosotros como operadores de este sistema de justicia tenemos una gran responsabilidad, pues a través de nuestras decisiones podemos lograr hacer un mundo mejor, ¿te imaginas cuánta utilidad puede tener esta decisión que hoy adoptaré para los casos de violencia contra la mujer y además para esos casos de alimentos en donde los padres no se hacen responsables?” Preguntó Ludwig. “Estamos viendo más allá del expediente como diría Alfredo Bullard.”

“Ojalá todos los jueces del Poder Judicial pensaran como tú,” Dijo Friedrich. “Y fueran conscientes que sus decisiones son incluso más importantes que las del presidente de la república.” Sentenció Friedrich. “Solo te diré que hagas lo que tengas que hacer,” Añadió Friedrich. “Pero sácame de una duda, ¿qué pasa si la madre y la niña están mintiendo y en realidad el padre no es un agresor ni es ajeno a su responsabilidad con los alimentos de su hija?” Interrogó Friedrich. “El padre podría cuestionar nuestra decisión ante el Poder Judicial que sigue siendo un monopolio, además la madre podría ser denunciada por haber hecho una denuncia falsa ante una autoridad e incluso podría ser demandada por daños y perjuicios.” Contestó con seguridad Ludwig.

Emma dijo. “Yo no creo que la madre y la niña mientan.” Friedrich señaló. “Solo trato de ponerme en el peor de los supuestos para entender lo que piensa Ludwig, yo soy de tu dictamen Emma y también le creo a la madre y a la niña.” Añadió Friedrich. “Contéstame algo más,” Dijo Friedrich. “Adelante amigo y colega.” Dijo Ludwig. “¿Qué pruebas le exigirás a la madre?” Interrogó Friedrich. “No necesito pedirle ninguna, me basta solo su declaración, aunque no estará exenta de las advertencias que le haré sobre su responsabilidad en caso de que esté mintiendo.” Ludwig contestó con suma seguridad.

“Administrar justicia es muy sencillo Friedrich, no es algo de otro mundo como quieren hacernos creer esos jueces que viven como parásitos dentro de las arcas del estado,” Indicó Ludwig. “Lo que ha pasado en el Perú es que se ha adoptado el criterio de una justicia profesional, bajo el prejuicio que considera que el ciudadano de a pie no tiene la suficiente educación cívica ni la responsabilidad para administrar justicia.” Precisó Ludwig.

“Lo que te digo no es solo una cuestión subjetiva, existe evidencia empírica que demuestra que administrar justicia es fundamentalmente una cuestión de criterio, recuerdo que en la obra El otro sendero de Hernando de Soto, Enrique Ghersi y Mario Ghibellini había un pasaje que decía:”

En efecto, a lo largo de los años, la administración de justicia formal, agobiada por sus múltiples problemas, ha tendido a desentenderse de los problemas individuales que se suscitan sobre los terrenos de los asentamientos informales.

De este modo, una serie de disposiciones han sustraído del Poder Judicial el conocimiento de estos conflictos, pasándoles la responsabilidad a las autoridades administrativas. Sin embargo, éstas también han sido rebasadas por la iniciativa de los pobladores, viéndose obligadas a formalizar las decisiones adoptadas por las propias organizaciones informales (…)

Todo esto ha estimulado el desarrollo de la justicia informal en materia predial (…) Como las organizaciones informales tienen que defender el orden público, necesariamente desarrollan un conjunto de criterios prácticos para administrar justicia también en la competencia penal.

“¿Puede quedarte alguna duda de que nos han vendido la idea de que hacer justicia es una cosa muy difícil de hacer y que solo la pueden hacer esos jueces que solo se encargan de complicar y enredar todo, haciendo que algo tan básico como resolver conflictos de interés se vuelva un oficio solo de expertos?” Cuestionó Ludwig. “Es más que razonable tu postura,” Indicó Friedrich. “Por favor no hagamos esperar más a la madre y la niña quienes ya se despertaron.” Advirtió Emma. “Hazlas pasar.” Señaló Ludwig. “Yo los dejo amigos, te deseo la mejor de las suertes Ludwig, sé que la necesitarás, pues después de esto vendrán días difíciles.” Añadió Friedrich.

Como es obvio Ludwig a través de una resolución administrativa dictó unas medidas de protección que ordenaba que cese cualquier tipo de acto de violencia en contra de la madre y la niña, además el retiro del agresor del domicilio de las víctimas y una pensión de alimentos a favor de la niña. Aunque, no dudó en advertirle en reiteradas oportunidades a la madre que si estaba mintiendo podría incluso ser encarcelada por algunos años.

Ludwig no se había equivocado, en efecto con esas medidas de protección había logrado que esa madre y niña no continúen siendo violentadas por un padre desconsiderado, además logró que el padre asuma la responsabilidad de pagar los alimentos de la niña, la madre fue a agradecérselo y no dejó de repetirle lo bien que le hacía a la sociedad con esas iniciativas.

Al pasar los días, el Poder Judicial tomó conocimiento de la decisión que había adoptado Ludwig y le mandó un comunicado al alcalde de la municipalidad para que Ludwig sea removido de su cargo, además solicitaba que le abran un procedimiento disciplinario y que lo inhabiliten de por vida y también le informaban al representante edil que el Ministerio Público ya había tomado conocimiento del crimen que había cometido Ludwig, por lo cual en las próximas horas lo llamarían a declarar por haber cometido el delito de usurpación de funciones.

Se lo comunicaron a Ludwig, aunque gracias al apoyo que tenía en algunas gerencias de la municipalidad, le dijeron que el alcalde no se enteraría hasta después de varios meses de ese comunicado. Ludwig lo agradeció, sabía en el fondo que le quedaba poco como responsable de esa DNA, así que emprendió el siguiente paso que ya tenía trazado.

Se trataba de lograr que se apruebe en aquellas mesas de trabajo que la DNA podía dictar cualquier tipo de medidas de protección frente a casos de violencia contra la mujer, omisión de asistencia familiar y que las actas de conciliación elaboradas por la defensoría puedan ser ejecutadas por esta misma institución sin la necesidad de acudir más al Poder Judicial.

Ludwig se había adelantado a lo que se venía, por ello, utilizando algunas influencias había logrado previamente que el área legal de la municipalidad modificara el reglamento sobre esas mesas de trabajo y que se incorpore un artículo que disponga que los acuerdos adoptados allí por las autoridades tengan fuerza de ley.

Además, había arreglado todo para que los efectos de esos acuerdos sean retroactivos de tal manera que el Poder Judicial se quedara solo con las ganas de verlo tras las rejas y el proceso disciplinario en su contra resultase infructuoso.

Algunos meses después la mesa de trabajo fue instalada, el tema a tratarse era la eficacia y eficiencia del sistema de justicia en los procesos de violencia contra la mujer, alimentos y ejecución de actas de conciliación extrajudiciales en temas de derecho de familia. Entre los asistentes se encontraban diversas autoridades de gran relevancia social, el número de ellas garantizaba el quorum necesario conforme al reglamento.

Ludwig por obra del azar fue posicionado en el asiento de una mesa que se encontraba frente a la de un juez civil del distrito de la comuna edil que venía en representación del Poder Judicial, a la mano derecha del magistrado se encontraba una fiscal experta en temas de violencia contra la mujer, y un poco más allá, aunque en esa misma mesa se encontraba un oficial de la policía como representante de esa institución, entre otras autoridades.

A la derecha de Ludwig se encontraban el gerente y el subgerente de promoción y desarrollo social quienes apoyaban las iniciativas jurídicas del abogado, a su izquierda estaban, también un representante de la gerencia de seguridad ciudadana, una representante del Ministerio de la Mujer, un representante del Ministerio de Educación, entre otros representantes de diversas instituciones más el alcalde quien presidiría esta sesión.

Pronto Ludwig empezó a sentir la enconada mirada del juez y representante del Poder Judicial, cuando el magistrado dijo. “Me resulta insoportable compartir esta mesa de trabajo con ese hombre infame que se atrevió a trasgredir la investidura y jerarquía del Poder Judicial.” El alcalde quien ya había sido persuadido del conflicto y al ver que su popularidad política se había acrecentado debido a las decisiones que había tomado Ludwig, trató de calmar las cosas y dijo. “Señor magistrado por favor somos personas razonables, además debemos respetar la libertad de pensamiento así no nos guste.”

El juez observó al alcalde y dijo. “Yo respeto la libertad de pensamiento, pero jamás estaré a favor de una flagrante usurpación de funciones. Jamás he visto algo más nefasto e insolente como lo que hizo este hombre. Figúrense ustedes,” Dijo mirando a todos los presentes. “Que este tipo pretende sustituirnos a nosotros los jueces quienes siempre seremos autoridades respetables,” Afirmó el Juez. “Eso simplemente es algo imperdonable, y oiga usted bien,” Dijo mirando fijamente a Ludwig. “No descansaremos hasta verlo donde debe estar, fuera del estado y cumpliendo una condena por ese crimen que cometió.”

Pronto Ludwig respondió citando el pasaje de una de sus lecturas y dijo:  

Lo correcto era adaptarse a la situación. Incluso en el supuesto de que a alguna persona le fuera posible mejorar varios detalles -aunque solamente se trataba de una superstición ilógica-, lo único que habría logrado, en el mejor de los casos, sería mejorar algo para cuestiones futuras, pero se habría lesionado extraordinariamente a sí mismo, ya que habría llamado la atención del siempre vengativo cuerpo de funcionarios.

¡Nunca había que llamar la atención! Había que hacer esfuerzos por entender que ese organismo judicial en cierta forma estaba suspendido, como si flotara, y si alguien intentaba cambiar algo en su esfera particular podía perder el suelo bajo los pies y derrumbarse, mientras que el enorme organismo para aminorar esa pequeña distorsión encontrar un repuesto en otro sitio -todo se encuentra conectado- y se quedaría así invariable o, lo que era todavía probable, aún más cerrado, más perverso, más atento, más inflexible.  

“¿Acaso Kafka no tenía razón cuando escribió esto?,” Preguntó Ludwig dirigiéndose a todos. “¿No era lo mejor que yo me adaptase a la situación y continúe aceptando el mismo guion?, ¿no era acaso mejor no dictar esas medidas de protección que le sirvieron a una madre y a su hija para que no continúen siendo violentadas por el padre?, ¿no era acaso mejor negarle una pensión de alimentos a una niña hasta que al Poder Judicial se le ocurra ordenarla?”

“Díganme también, ¿acaso con mis acciones no he llamado la atención del siempre vengativo cuerpo de funcionarios del Poder Judicial?, ¿acaso no puedo perder ahora mi trabajo o incluso mi vida como abogado por haber vulnerado, no la posición monopólica del Poder Judicial, sino más bien los intereses de cada uno de esos grupos de interés que vive a expensas de esa cloaca llamada justicia?”

El juez se levantó y exclamó. “¡No le permito tal desfachatez! ¡Usted será sancionado por la justicia del Poder Judicial! ¡Esa es la única justicia legítima en nuestro estado!” Recalcó el Juez. Ludwig contestó. “No reconozco el derecho del Poder Judicial a juzgarme y no reconozco mi acción como un delito.” Precisó Ludwig. “Usted ha vulnerado la facultad coercitiva del Poder Judicial al dictar ese tipo de medidas de protección que incluso concedieron una pensión de alimentos sin la debida autorización del estado.” Indicó el juez.

“Usted ha vulnerado uno de los valores más divinos de acuerdo con Platón, me refiero a la justicia.” Señaló el Juez. “Usted es un hombre injusto, no tiene parangón y lo que le espera es la cárcel.” Indicó el magistrado. “¿Sabe lo que es ser injusto? Dijo Ludwig observando a los presentes. “Le diré lo que es ser injusto, ser injusto es ignorar que nuestro mundo tiene recursos escasos y a pesar de eso desperdiciarlos. ¿Acaso usted no es más injusto que yo, pues sabiendo que el servicio de justicia que presta el Poder Judicial aparte de ser ineficiente e ineficaz es escaso y no alcanza para todos, pero a pesar de eso pretende evitar que más personas accedan a el a través de mecanismos alternativos?”

“¡Usted ha vulnerado uno de los principios de la función jurisdiccional!,” Exclamó el magistrado. “Según el cual está prohibido ejercer función judicial por quien no ha sido nombrado en la forma prevista por la constitución o la ley.  Usted se adjudicó por sí mismo un cargo que no le compete.” Indicó el juez.

“Continúe viviendo de espaldas a la realidad,” Señaló Ludwig. “Continúe prefiriendo ese mundo lleno de conceptos teóricos en donde no hay nada real, en donde todo es imaginario, en donde los conceptos se pasean como personajes inexistentes a los que los juristas les hablan mientras el ciudadano común y corriente, los miran como si estuvieran conversando con el vacío.”

“Todos esos principios de la función jurisdiccional son cosas que no se ven, que no están allí, salvo para ustedes los juristas expertos que se encuentran sujetos al riesgo de ser considerados unos genios o unos locos.” Sentenció Ludwig.

Las palabras de Ludwig lograron convencer y calar en la mayoría de los participantes de la mesa de trabajo quienes finalmente aprobaron por mayoría de votos que la DNA dicte medidas de protección a favor de las mujeres víctimas de violencia, además de acordar que tenga la facultad de ordenar el pago de una pensión de alimentos a favor de los niños y adolescentes desamparados por sus padres, y que las actas de conciliación extrajudiciales sobre la tenencia, régimen de visitas y alimentos de los hijos también sean ejecutadas por la DNA quien en este caso tendría la última palabra. 

Ludwig había logrado deconstruir el sistema de justicia como hubiera dicho el filósofo francés Jaques Dérrida, le había generado competencia al Poder Judicial y ahora sí le había quitado una parte importante de ese poder monopólico, pues ya no se tenía que esperar la última palabra del fuero judicial ordinario en los casos de la ejecución de las referidas actas de conciliación.  

Ludwig después de lo que vivió comprendió que todo el tiempo había estado engañado por sus profesores abogados, el derecho no era una ciencia estructurada con un objeto natural y una naturaleza, eso solo era una ficción creada por el hombre, recordaba entonces a Kirchmann quien decía: “tres palabras rectificadoras del legislador y bibliotecas enteras se convierten en basura” esta frase solo podía demostrar que el derecho tan solo era una parte más de un mundo de ideas fantásticas. El derecho para Ludwig ahora era solo un sistema de regulación de conductas y solución de conflictos antes que una ciencia, con lo cual consolidó una visión pragmática del mismo que se encargaría de difundir a lo largo de sus años de vida.

Ludwig pudo sortear los diversos procesos judiciales y administrativos que se le abrieron, debido al acuerdo que se adoptó aquel día en la mesa de trabajo y que ahora era considerado una ley, cuyos efectos eran retroactivos. El abogado trabajó unos meses más, pero comprendió que ahora tenía más enemigos que antes y decidió renunciar. Continúo su vida como litigante y todas las mañanas despertaba con una sonrisa por haber logrado desmonopolizar siquiera un poco el Poder Judicial.   


[1] Abogado y Magister en Gobierno y Gestión Pública, por la Universidad Privada San Martín de Porres. Autor del Libro titulado, “Desalojo en la Función Notarial. Ontología Jurídica para la Proyección de Leyes y Normas.” Autor del artículo titulado, “La importancia de la filosofía, en el derecho, el sistema de justicia y en la propiedad privada.” Autor del artículo titulado, “La filosofía objetivista, su entendimiento y aplicación en el derecho contemporáneo.” Autor del artículo titulado, “La perversión de la ley es innegable, un análisis y propuesta de la verdadera función de la ley. “Autor del artículo titulado, “El contrato como metodología para legislar y ejecutar obligaciones.” Autor del artículo titulado, “La propiedad común y su distribución eficiente.” Autor del artículo titulado, La víctima como un fin, antes que como un medio de los intereses burocráticos. Autor del artículo titulado, la flagrancia es imposible si los incentivos de la policía están dirigidos a esperar la comisión de los delitos. Autor del artículo titulado, El mito de la división de poderes. Autor del artículo titulado, La verdadera reforma universitaria solo es posible a través de la libre competencia de universidades. Autor del artículo titulado, Reflexiones jurídicas sobre la utilidad real de una confesión religiosa. Autor del artículo titulado, Optar por la bicameralidad es como pretender obtener un genio de mil idiotas. Autor del artículo titulado, El día que un abogado diga la verdad será el fin del mundo. Autor del artículo titulado, La burocracia será imposible el día que un burócrata se vuelva empático.