TOMAR JURAMENTO AL TESTIGO ¿sustituto de la ordalía?

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TOMAR JURAMENTO AL TESTIGO ¿sustituto de la ordalía?

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HERNAN RUIZ BRAVO[1]

La forma de resolver conflictos en nuestra sociedad siempre ha ido evolucionando, en la sociedad primitiva la justicia por mano propia era aceptada y valida. Después advirtieron que esta forma de resolver conflictos no era la apropiada y que suponía un riesgo para la especie humana, así que decidieron prohibirla con algunas excepciones, para luego dar paso a las ordalías o “juicio de Dios” donde el acusado tenía que probar su inocencia.  

Las ordalías surgen con anterioridad, pero tienen gran auge en la edad media. En su tiempo fueron una forma superior de impartir justicia en comparación al de hacer justicia con la propia mano, porque tenían a un tercero quien resolvía tales conflictos, y ese tercero nada más y nada menos que Dios ¡Imagínese Dios resolviendo conflictos! Claro, lo que se nos viene a la cabeza es una justicia que no se equivoca, justamente porque es impartida por un ser divino.

Las ordalías establecían pruebas muy difíciles por las que tenían que pasar los imputados, que iban desde recoger un objeto que se encontraba en el fondo de un recipiente de agua hirviendo y no tener que quemarse las manos para demostrar que eres inocente; coger un hierro al rojo por un cierto tiempo y no quemarse; tomar veneno y no morir; su fundamento radicaba en que Dios no podría permitir semejantes injusticias que un hijo suyo que es inocente fuera declaro culpable.

El problema aquí no es Dios sino quienes ponían las pruebas y sostenían comunicación con Dios, eran tan humanos como nosotros, que podían equivocarse, que no eran imparciales, que eran corruptibles y que cuando querían condenarte te condenaban o te absolvían, quizá no metiendo el veneno suficiente como para quitarte la vida o cualquier otra argucia para evitar aquello. Y es que esto terminaba condenando a inocentes y absolviendo a culpables muchas veces. En realidad, es que era una justicia de salvajes e irracionales. Y de divina no tenia nada.

El otro problema es, que el imputado, investigado o enjuiciado tenía que probar su inocencia algo que en la actualidad ya no tenemos. Y claro, las pruebas por las que tenía que pasar no era nada sencillas. Las pruebas ya eran condenatorias para cualquier mortal como nosotros y que si nos sometieran el día de hoy todos terminaríamos siendo culpables del delito que nos juzguen, porque no importa si hemos cometido o no delito, si nos ponen un recipiente de agua hirviendo pues nos vamos a quemar las manos, si nos dan veneno vamos a morir. ¿Y eso prueba que somos culpables?, pues de ninguna manera.  

Dicho esto, debo señalar también que estas prácticas “ordalías” de la edad media fueron proscritas por la intervención de la Iglesia Católica a través de los papas Alejandro III e Inocencio III. Sin embargo, surgió otra forma más evolucionada de juzgar a los inculpados, que conocemos en la actualidad como tortura y que también ha sido prohibida por la normativa internacional y nacional mediante la declaración Universal de los Derechos Humanos en el Art. 11º núm. 11 cuando señala que: “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad (…) y también nuestra Constitución en el Art. 2 núm. 24. e.

Sin embargo, todavía a la fecha seguimos manteniendo algún sustituto de la ordalía que tuvimos en la edad media en nuestro ordenamiento, y es la toma de juramento al testigo o promesa de decir la verdad. Y es diaria yo, una de las prácticas habituales que existe en nuestro proceso judicial, porque en un juicio oral lo que siempre llevan las partes son testigos propios, impropios o testigo perito a quienes les toman juramento, pero ¿Cuál es la importancia de tomar juramento a un testigo?

En mi opinión ninguna, es que el juramento no tiene ninguna importancia en el proceso judicial y en el que se realice, porque si no pensemos en los políticos que han jurado tantas veces y han quebrantado su promesa o sino pensemos en el juramento que se hacen los casados y terminan siendo infieles y divorciados, situación igual sucede con los testigos en el proceso, jurar por Dios o por su honor no nos garantiza nada y tampoco al juez, es más, el testigo conoce que si ha sido citado para declarar en un proceso judicial, es porque tiene el deber de decir la verdad. La verdad acerca de lo vio o escucho. No hace falta tomarle juramento para ello, porque la ley señala que si no lo hace será denunciado por falso testimonio.

Entonces ¿Qué necesidad existe de tomar juramento al testigo? Sigo sosteniendo que ninguna. Pero algunos dirán y sino dice la verdad, pues sino dice su verdad respecto de cómo vio, escucho o lo que dice la ciencia de cómo ocurrieron los hechos, es que va tener que ser denunciado por falsa declaración o falso testimonio en juicio. Es más, si leemos el tercer párrafo del Art. 409º del Código Penal encontramos “el juez puede atenuar la pena hasta los límites inferiores al mínimo legal o eximir de sanción si es agente rectifica espontáneamente su falsa declaración antes de ocasionar perjuicio”. Como se podrá advertir hasta se le premia si miente y se rectifica a tiempo.

Como se podrá advertir, es que no tiene ninguna importancia seguir teniendo esta manifestación de ordalía de la edad media en nuestro ordenamiento, porque no contribuye absolutamente en nada. Por ello que considero que la toma de juramento del testigo o promesa de decir la verdad debe ser también expulsada de nuestro ordenamiento. HRB.


[1] Abogado por la Universidad Cesar Vallejo. Con estudios de maestria en Derecho Procesal en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).